Valerio Magrelli

Yo habito mi cerebro

(Traducción al español de Emilio Coco)

 

 

Mañana por la mañana me daré una ducha
no hay nada más cierto que eso.
Un futuro de agua y de talco
en el que no pasará nada ni nadie
llamará a esta puerta. El río
oblicuo correrá entre vapores y yo
como un ermitaño me sentaré
bajo la lluvia tibia,
y ni espejismos ni tentaciones
atravesarán el espejo opaco.
Inmóvil y silencioso, recorrido
por infinitos arroyos,
estaré en la corriente
como un tronco o un caballo muerto,
y acabaré encallado en pensamientos
por el delta solitario del espíritu
enredado como el sexo de una mujer.

 

 

Yo habito mi cerebro
como un tranquilo propietario sus tierras.
A lo largo del día mi trabajo
es hacerlas rendir,
mi fruto es hacerlas trabajar.
Y antes de dormir
me asomo a mirarlas
con el pudor del hombre
ante su imagen.
Mi cerebro habita en mí
como un tranquilo propietario en sus tierras.

 

 

Por fin he aprendido
a leer la viva
constelación de las mujeres
y de los hombres las líneas
que unen entre ellas las figuras.
Y ahora me percato de las señas
que atan el desorden del cielo.
En esta bóveda dibujada por el pensamiento
distingo la rotación de la luz
y el oscilar de los signos.
Así se cierra el día
mientras paseo
por el silencioso huerto de las miradas.

 

 

De la noche anatómica sale
la desnudez.
Detente en el umbral, mírala
brillar, la moneda,
lisa, pulida,
en la que distingues
el rostro en relieve trabajado,
la blanda aleación del encarnado.
El perfil está inmóvil, no supera
la línea que le es asignada,
milagrosamente retenido
retiene para sí la imagen,
la cierra en el círculo de su precio,
en la suprema decapitación.

 

 

Es la lanzadera de los versos
el telar del mal
el zigzag sonriente
de los puntos de sutura.
Si el mundo es un trapo mojado
empapado de muerte,
cóselo dulcemente
no lo aprietes
no hagas salir la substancia
que lo tiene enlazado
contén el aliento
haz pasar el hilo
ata si puedes aquella agua
al zurcido visible
que afea mi chaqueta.

 

 

Estaba en la cama de un consultorio,
escondido detrás de un biombo.
«Antígona», «Sí», «¿Estás aquí?», «Sí, aquí».
Las vértebras, las vértebras.
Y empiezan a conversar entre ellos,
dos viejos, dos voces de viejos.
Porque una voz envejece,
también en el sonido está el hueso del tiempo
también en el aliento. Soplaban, y había
dentro un eco de sí mismo,
un eco que precedía a la dicción.
Algo roto y desencajado, la médula
sacada de la espina dorsal y
desenvainada como una espada rutilante,
voz-carcasa
vértebra de la voz.

 

 

CARTA SOBRE LA INVASIÓN DE LOS DINOSAURIOS

¿Qué líneas nos unen a este Valhala zoomorfo
que atraviesa las eras para brotar entre los juegos de los niños,
con sus héroes postrados, aberrantes, acorazados por capas
epiteliales, ramificaciones ortopédicas, apéndices caudales?
Bestias, pero nada bestial queda
en los ojos donde pasa desarmada la pena
de una especie destinada a la extinción.
El gran silencio de la sangre
pesa sobre estos huérfanos del futuro
y los hace tristes animales de despedida,
fieras de la melancolía, criaturas agónicas.
Detrás de su fijeza de tótem
la gota negra de la mirada lleva
una extenuada dulzura liminal,
una pasiva potencia inexplicada,
una violencia sin genealogía.
Y entonces no brames, Tyrannosaurus Rex, pero deja,
entre el pedrisco de la corteza cerebral,
sobre el repiqueteante chasis de la caja torácica,
desde el árbol copudo y ventilado de tu sistema nervioso central,
deja brillar inerme la pupila
lejana e imborrable de la infancia.

 

 

DIFAMACIONES

Para Pierpaolo Pasolini

Habría amenazado a un gasolinero
con la pistola cargada
de un proyectil de oro.
¡Cineasta y poeta, orfebre y ogro!
¿Pero qué contestar a esta acusación,
el arma o su bala?
¿Santa Romana Iglesia o el ruiseñor?
Aquel tiro nunca disparado atraviesa su obra
doblegándola a un doble oxímoron,
fantástico fantasma de violencia
y piedad, de sangre y de laurel.

 

 

SOBRE UN POEMA DE GIUDICI

Pensamiento en fuga, yo lo quería escribir;
en cambio escribo que se me ha escapado.
PASCAL

¿Y dónde van, Giudici,
aquellos versos-burbujas
liberados del hielo
hacia arriba?
¿Dónde van a agazaparse
cuando, al contrario, ya listos,
el autor los olvida?
¿Se quedan acurrucados en las grietas,
se aprietan, se calientan
para pasar la noche?
¿O abandonan su tarea,
renuncian a la empresa
y vuelven atrás al punto de partida?
¿Resisten, desisten
nuestros versos perdidos?
Los querría pacientes, comprensivos,
dispuestos al perdón a quien los deja
en una aguja de hielo, expuestos
en la altura.

 

 

BALLET

Para Antonio Porta

Cuando la música llega
a levantar un cuerpo
tan felizmente,
tan específicamente,
entonces quiere decir que
aquel cuerpo se ha vuelto una canoa
ligera y sin remero,
danzante casco vacío
en su repiqueteo entre el agua
y los escollos.

Valerio Magrelli Nació en Roma, en 1957. Ha traducido a Valéry, Verlaine, Debussy, Mallarmé. Ha preparado la antología Poeti francesi del Novecento < ... LEER MÁS DEL AUTOR