Pablo Antonio Cuadra

La poesía como ensayo de lo inefable

 

Por Floriano Martins

 

El poeta nicaragüense Pablo Antonio Cuadra (1912-2002) fue uno de mis primeros amigos epistolares, cuando en meados de los 1980 empiezo mis investigaciones sobre la tradición lírica en Hispanoamérica. Entonces yo dirigía un periódico llamado Resto do mundo, donde he tratado de publicar su luminoso ensayo Aventura literaria del mestizaje, que daba título a uno de sus mejores libros de ensayo y que, finalmente en 2010, me fue posible publicar en la íntegra, compartiendo su traducción con Petra Ramos Guarinon. Don Pablo tuvo poemas traducidos al brasileño –esta lengua que sabe bailar– por Manuel Bandeira y desde sus primeras cartas me habla cariñosamente de la poesía de Carlos Drummond de Andrade. Fue una de las voces cumbres de la vanguardia y su lírica ha renovado la tradición poética en su país.

FM | Vamos a iniciar nuestra conversación hablando sobre el Movimiento de Vanguardia, del cual fuiste uno de los fundadores. ¿Cuáles eran las circunstancias de la literatura nicaragüense cuando surgieron los vanguardistas, en 1928? ¿Y qué relaciones se mantenían con otros poetas del resto de América Central?

PAC | No sé cuáles son los mecanismos de la intuición poética que, en ciertos momentos generacionales, imponen el rechazo de lo anterior. Éramos un grupo muy joven, pero nos unió, ante todo, el oscuro sentimiento –que Hermann Hesse evoca en Demián– de que un mundo terminaba y otro nuevo surgía en violento parto. El Modernismo estaba agotado y nos sentíamos llamados a fundar algo nuevo y distinto. No solamente la poesía: ¡todo nuevo! Nos abrimos a todas las corrientes vertiginosas del momento: desde el Surrealismo hasta el Dadá. Pero, ese momento de apertura y cosmopolitismo coincidió, en Nicaragua, con una intervención extranjera, de Estados Unidos; con la protesta armada de Sandino y, como es natural, con su reflejo en nuestro movimiento literario que se vio patrióticamente presionado a crear una literatura; nueva, es cierto, pero defensiva y afirmativa de nuestra identidad nacional. Por esta peculiaridad de fusionar Cosmopolitismo y Nacionalismo de nuestra Vanguardia, su mayor similitud es con la Semana de Arte Moderno de Brasil (de los dos Andrades y de Claxon) y su proclama de “volver a las raíces” brasileñas.

Fuimos más vocingleros y más unidos que los vanguardistas del resto de Centroamérica, pero nos relacionamos con los mejores, publicamos sus escritos y canjeamos publicaciones. El grupo Saker-Ti, Miguel Ángel Asturias, Raul Leiva, Davil Vela y César Brañas de Guatemala; Salarrué, Guerra Trigueros y Hugo Lindo de El Salvador; García Monje y Eunice Odio de Costa Rica, fueron, entre otros, los que mantuvieron más estrechas relaciones con nosotros.

FM | Tu ensayo Introducción a la Literatura Nicaragüense, de 1980, se cierra con la frase: Una nueva época abrió sus puertas, imagino que referida a los acontecimientos de 1979. Pasados ocho años, ¿cómo analizas hoy lo que en esa ocasión se denominó nueva época? ¿Qué rumbos tomó la literatura nicaragüense a partir de entonces?

PAC | Todos esperábamos que se abriera una nueva época, pero solamente se cerró la anterior. Parece que las grandes épocas creadoras no son revolucionarias sino pre-revolucionarias. Fuimos como un hermoso y caudaloso río que, de pronto, se sumergió en la frustración o en el exilio. Yo espero que el fracaso obligue a rectificar y vuelva pronto a aflorar la corriente perdida.

FM | ¿Crees, como Octavio Paz, que la historia, la realidad social de una época, es una proyección de su arte y de su literatura?

PAC | Voy a contarle una experiencia: nuestra revolución se pudo hacer porque iba adelante abriéndole camino una poesía y un canto. Luego la revolución fue desviada alevosamente: de tales desvíos anti-poéticos está llena la prosa de la historia. Por eso Hispanoamérica hace su historia dando bandazos entre la Utopía y el Exilio. Estoy de acuerdo con Paz. El lenguaje de cada época histórica –dice Oscar Milosz– adquiere su forma y la determina gracias a la poesía. Es una misteriosa relación que también Paz señaló al decir que no existiría Grecia sin Homero, pero tampoco Homero sin Grecia. La poesía es la fundadora de los arquetipos. En nuestra América es donde la lucha mítica de la Poesía contra la Historia cuenta con un martirologio más numeroso.

FM | ¿Es posible afirmar que, de los poetas surgidos en torno al Movimiento de Vanguardia, Martínez Rivas es el que más se destaca actualmente en Nicaragua?

PAC | Nicador Parra, el chileno y Carlos Martínez Rivas (con más poder poético) son los que abren los nuevos caminos de la poesía post-nerudiana. Martínez Rivas es un peligroso nieto de Baudelaire que comete un poema como un crimen perfecto. Desgraciadamente su hobby es tener al diablo encerrado en una botella.

FM | En tus Notas críticas sobre poetas nicaragüenses, te refieres a Joaquín Pasos como un precursor de la anti-poesía de Nicanor Parra. ¿Podrías hablarnos algo a este respecto?

PAC | Los principales componentes de la Anti-poesía (nombre muy siglo XX, pero poco afortunado) los anticipa o están en germen, diez o quince años antes en la poesía de Joaquín Pasos: la desacralización del yo, el uso de la fealdad y de lo prosaico, la burla seria etcétera. Lo que se acentúa luego en Parra y lo mismo en Martínez Rivas y en Cardenal, es el nivel oscuro y kafkiano de esos elementos como reflejo de la condición desolada del hombre después de la guerra y con la amenaza nuclear.

FM | Una cuestión que, por inevitable, se ha repetido siempre: no sólo tu poesía sino también la de todos los integrantes del Movimiento de Vanguardia consiguió escapar de la fiebre política, del cáncer de un patriotismo rancio, de un didactismo fútil e inexpresivo. Fundamentalmente, ¿a qué atribuirías ese hecho?

PAC | Creo que el hecho de coincidir la necesidad de crear una literatura nacional con la irresistible atracción cosmopolita de las vanguardias: eso nos permitió un equilibrio entre la tentación de la caverna y la lontananza. Añadiría otro gran peso en la balanza: a pesar de nuestros ataques éramos herederos de Darío, de su lección anti-provinciana de Universalidad. Y otra importante ayuda: la ironía, ese alejamiento del poeta del poema que permite el humor. No en balde nuestra generación tuvo un genial maestro que cantó por todos nosotros Drummond de Andrade: Chaplin!

FM | ¿Por qué afirmas que el americano no puede expresar al indio que lleva adentro a no ser recorriendo la aventura lingüística y onírica del Surrealismo?

PAC | Nuestro pasado occidental, Siglos de Oro, Edad Media, Roma, Grecia, se nos comunica por la escritura. (Grecia nos habla desde la raíz de nuestras palabras) El indio perdió ese puente. Tikal (nuestra Atenas maya) es nuestra Atenas muda: no nos habla por lengua o escritura, sino, como el amor, por silencios. El indio que llevamos dentro lo llevamos entre-dormido. Se necesita un lenguaje onírico, un lenguaje cuyas asociaciones y metáforas se salten lo racional, se salten el puente caído de la lengua y nos comunique con ese mundo ab-origen que está todavía vivo.

FM | ¿En qué sentido afirmas que Rubén Darío es el único gran renacentista americano?

PAC | No el único sino el último. El broche de oro. Él termina y con él acaba la tradición renacentista con sus cánones de belleza que identificaban belleza natural y belleza artística. Pero es también quien coloca una carga de dinamita de estética acrática –de rebelión contra la anquilosis mental, contra el cliché verbal y el molde único–, carga que vuela el dique y abre las nuevas libertades: la inundación de todas las culturas y de todos los cánones de belleza: las cinco muchachas de Les Demoiselles d’Avignon de Picasso: Egipto, Grecia, Roma, Asia, África. La vanguardia es el resultado de esa inundación. Es la entrada violenta de lo moderno.

FM | De tu poesía se ha dicho que expresa lo que Darío dejó en silencio. ¿Concuerda con esto? ¿Consideras realmente tan acentuada la influencia de Darío en tu obra poética?

PAC | Me halaga, pero lo creo exagerado. El silencio de un poeta es inefable. ¡Mucho más el de un Rubén Darío! Posiblemente los poetas de América que le sucedieron no hemos hecho otra cosa que escribir lo que él soñó y no escribió. Darío, sin embargo, no influye en mí por contagio ni por rechazo. (Yo sería incapaz de escribir La Marcha Triunfal de Ernesto Cardenal, ni tampoco acercarme a Darío como Picasso a Velásquez, ni menos imitarle.) Influye en mí como maestro: lo que trato de aprender de él es su oficio. El antidarismo inicial de la vanguardia fue fecundo: nos permitió alejarnos de Rubén para no imitarlo, pero sin perderlo de vista para poder continuarlo.

FM | ¿Concordarías con el poeta y crítico español José María Valverde cuando señala en tu poesía la existencia de lo que él llama americanismo cristiano?

PAC | También el americanismo de Vallejo es profundamente cristiano, a pesar de que se afilió en el Partido Comunista. Luis Alberto Cabrales, mi compañero de vanguardia lo llama: un marxista transido de Dios y la caridad de Vallejo tiene expresiones solo comparables con las de San Pablo. Pero sí: estoy de acuerdo con Valverde. Lo cristiano afecta a lo americano suavemente, pero definitivamente. Le da al hombre amor para la vida y esperanza para la muerte. Pero sin beligerancia. Cada día más desnudos. La situación de un cristiano ante un no-cristiano es la situación de un mendigo que dice a otro mendigo dónde encontrar de comer. Un gran poeta católico de ustedes –Jorge de Lima– decía en un poema que él tenía en sus dos manos las dos hermanas de Betania:

la que escribe, la que trabaja, la que propaga la palabra (Marta)

y la que silenciosa sostiene tu frente fatigada (María)

Valverde me concede también esas dos manos: la americana que es la que escribe en lucha con la Historia, la mano de la acción de la palabra contra el tiempo. Y la cristiana que es la que sostiene mi frente en la contemplación.

FM | Ya en 1959 usted hablaba de una épica desmitologizada, como la gran meta de tu poesía. ¿La consideras totalmente alcanzada? ¿Cantos de Cifar y del mar dulce y El tiburón serían sus mejores ejemplos?

PAC | Una de las maneras de abordar el mito en nuestro tiempo es desmitificándolo. El mundo no puede subsistir sin mitos, pero cada época crea sus propias atmósferas míticas que se gastan, como se gastan las palabras y las monedas por el uso. Entonces hay que desnudar el Mito de sus adherencias históricas: en Cantos de Cifar yo quería dar con Ulises antes de Homero. El marinero que le mete a su mujer el cuento de los cerdos. El marinero común y corriente de nuestro Gran Lago de Nicaragua. Y devolverle a la épica su humildad primera. El tiburón no es fruto del mismo proceso. En mi luna de miel, bañándome en el Gran Lago con mi esposa, nos atacó un tiburón del que logramos escapar, pero pude ver sus ojos muy de cerca y me pareció que había descubierto la mirada del Mal: un odio frío, la insensibilidad que parece inocencia de tan perversa; el ojo de los torturadores y de los tiranos. El ojo con que nos mira, con demasiada frecuencia, la Historia.

FM | Ya has dicho que la gran lucha del poeta, de la palabra del poeta, es contra el tiempo. Recuerdo que Borges siempre refutó el tiempo, afirmando que los poemas resistirán más que las ciudades. ¿Acaso te preocupa el futuro de lo que escribes?

PAC | Me preocupa salir victorioso de todas las muertes que me asedian como ser mortal. No tanto el futuro de aquello que escribo sino el futuro de lo que viví o soñé cuando escribía. Ser poeta da derecho a tener la nacionalidad del mundo futuro, cuando cese mi imaginación y comience la de Dios. La poesía es la palabra que quiere alcanzar ese estado de resurrección: no es el lenguaje original, como otros creen, sino el trans-final. Es el ensayo de lo inefable.

FM | ¿Podrías hablarnos de sus experiencias editoriales con los Cuadernos del Taller San Lucas y El pez y la serpiente?

PAC | Son dos tipos de revista completamente distintos. Cuadernos del Taller San Lucas se hicieron con un sentido de comunidad y colaboración, de taller, de cofradía cuando estábamos jóvenes y todavía agrupados y movidos por el impulso del movimiento de vanguardia. Fue una publicación hecha, se pude decir, a mano, con humilde sentido artesanal. (Ernesto Cardenal se inspiró en esta obra o labor para sus talleres del Ministerio de Cultura, pero no es lo mismo lo espontáneo de un grupo amigo, a lo promovido burocráticamente por un Estado.) La revista El pez y la serpiente la fundé mucho tiempo después para que fuera el órgano de la pujante producción literaria –como la nicaragüense- pero que sufrió y sufre de grandes problemas editoriales. Pretendía que fuera una publicación que alentara esa producción y la diera a conocer en el mundo. Ha sido como una antología periódica del quehacer artístico y literario de mi país.

FM | ¿Tendrías algo que agregar como remate de nuestra conversación?

PAC | En un artículo reciente en homenaje a Drummond de Andrade: gran poeta, gran amigo escribí: A mis amigos poetas jóvenes llevo años aconsejándolos: ¡ojo con Brasil!, nos andamos tal vez consumiendo la curiosidad en lo francés, o inglés, o ruso mientras ignoramos la maestría cercana de una gran literatura paralela a la nuestra y llena de invenciones. Se nos cansarán los ojos y no encontraríamos fácilmente un par en el mundo para Drummond. (Pero ¿cuántas ediciones de su obra hay en español?) No perder a Europa es todavía importante pero cuando en el vecindario nos dan su obra un Machado de Assis, un Guimarães Rosa, un Drummond de Andrade, vale la pena adquirir el pasaje de la lengua portuguesa; ¡no es poco el mundo que pone a nuestro alcance!!

 

 

 

Poemas de Pablo Antonio Cuadra

 

 

 

EL INDIO Y EL VIOLÍN

Cuando Mondoy toca el violín
las nubes de diciembre se desmenuzan en plumas
y al Este cruzan seres celestes en bandos de Calandrias
de Paujiles de Jilgueros de Zorzales.
Mondoy cierra los ojos y ladea la cabeza como los ciegos
porque la música es una ceguera dulce
una laguna de aguas azules.
Por su escala
bajan la siete muchachas, las madrugadoras
a recoger en su red el lucero matutino
coletea entre los juncos en el agua orillera
y Tonantzin lo toma de las agallas y lo ilumina el alba.

El aliento de Tonantzin es el país ilimitado
donde aletea el violín de Mondoy y gira
volátil con un plumaje de palabras secretas. He oído
cánticos en las cerámicas chorotegas
ocarinas lunares de vientos lentos que levantan
olas en la laguna como escamas de peces
pero no esta lluvia, no esta ternura cuando
Mondoy toca el violín y llueve
en Diorimo, en Diriá, en Dirita, en Nindirí.
(¿Acaso no has tenido en el pecho, empapándote
en música, el rostro de una mujer que llora?)

Volverá, tal vez, Agosto, el opresor
azuzando sus perros de fuego en la canícula.
Husmean los caminos del sueño. Saben
que la libertad es un vuelo. O un pensar.
O un cantar cuando Mondoy toca el violín.
Pero nada muere. En el aire
hemos sembrado nuestras estrellas y podemos
levantar el pensamiento y sostenerlo
sobre el puro azul. Mondoy
traza una cruz de música en la constelación
del Sur. Mondoy toca el violín
y nuestros pueblos indios peregrinan
al lugar de la promesa.
Una línea blanca marca el borde tiernísimo del horizonte.
Es la hora en que bajan las siete muchachas
las soñadoras con sus sábanas blancas
a recoger el lucero vespertino
y Tonantzin lo toma entre sus brazos
y escuchamos el llanto de un niño
cuando Mondoy toca el violín.

 

 

EL CEMENTERIO DE LOS PÁJAROS

Arribé al islote
Enfermo
fatigado el remo
buscando
el descanso de un árbol.
No vi tierra
sino huesos.
De orilla a orilla
huesos
y esqueletos de aves,
plumas calcinadas,
hedor
de muerte,
moribundos
pájaros marinos,
graznidos
de agonía,
trinos tristes
y alguna
trémula
osamenta
aún erguida
con el pico
abierto al viento.

Con débil brazo
moví los remos
y di la espalda
al cementerio
del canto.

 

 

LA NOCHE ES UNA MUJER DESCONOCIDA

Preguntó la muchacha al forastero:
— ¿Por qué no pasas? En mi hogar
está encendido el fuego.

Contestó el peregrino: — Soy poeta,
sólo deseo conocer la noche.

Ella, entonces, echó cenizas sobre el fuego
y aproximó en la sombra su voz al forastero:

— ¡Tócame! —dijo—. ¡Conocerás la noche!

 

 

EL NACIMIENTO DEL SOL

He inventado mundos nuevos.
He soñado noches construidas con sustancias inefables.
He fabricado astros radiantes, estrellas sutiles
en la proximidad de unos ojos entrecerrados.

Nunca, sin embargo,
repetiré aquel primer día cuando nuestros padres
salieron con sus tribus de la húmeda selva
y miraron al oriente. Escucharon el rugido del jaguar.
El canto de los pájaros.
Y vieron levantarse un hombre cuya faz ardía.
Un mancebo de faz resplandeciente,
cuyas miradas luminosas secaban los pantanos.
Un joven alto y encendido cuyo rostro ardía.
Cuya faz iluminaba el mundo.

 

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Floriano Martins (Brasil, 1957) es poeta, editor, ensayista y traductor. Es director de ARC Edições y Agulha Revista de Cultura. Su sello editorial mantiene en coedición con Editora Cintra una muy amplia colección de libros virtuales (con opción de versión impresa) por Amazon. Martins es estudioso del Surrealismo y la tradición lírica hispanoamericana, con algunos libros publicados sobre los dos temas. Su poesía completa, bajo el título Antes que el árbol se cierre, acaba de ser publicada (enero de 2020). En Brasil ha publicado traducciones suyas de libros de Enrique Molina, Vicente Huidobro, Pablo Antonio Cuadra, Aldo Pellegrini, entre otros. Su mejor contacto es floriano.agulha@gmail.com.

Pablo Antonio Cuadra (Nicaragua, 1912-2002). Poeta, ensayista, dramaturgo, crítico de artes y uno de los grandes ideólogos de su país, nombre cumbre de la van ... LEER MÁS DEL AUTOR