Miguel Ángel Zapata

Un árbol cruza la ciudad

 

Por Oscar Hahn

 

El mundo fundado por los poemas de Miguel Ángel Zapata se mueve en esa zona que une la vigilia y el sueño. Son visiones que se gestan en la simbiosis de la fantasía y de la realidad. Esto puede verse claramente en el poema “El grito de Munch” de su libro Un árbol cruza la ciudad. El puente de madera que aparece en el cuadro del pintor noruego se superpone al puente metálico de Brooklyn; el cielo ensangrentado, es también el cielo de Nueva York,  y el individuo del cuadro, que grita tapándose los oídos, es a la vez el hablante del poema. The Big Apple, esa urbe que a muchos les puede parecer hasta inverosímil, para Miguel Ángel Zapata es su hábitat natural. El vive en el estado de Nueva York desde hace muchos años. Cierto, los barrios neoyorquinos son su espacio de cada día, pero de un modo muy creativo, son al mismo tiempo la sede de lo irreal.

Las composiciones dedicadas a Aleksandr Pushkin, Marina Tsvetáieva y Osip Maldestam no hablan solamente sobre esos poetas rusos. Es como si también hablaran sobre el autor de los textos. Y lo que dicen puede resumirse en estos versos: “Pushkin oía el eco de la lluvia / como si leyera un poema / en un bosque inaudible”. El eco de esa lluvia puede ser cualquier poema de Un árbol cruza la ciudad.

La poesía de Miguel Ángel Zapata es ajena a los cánones dominantes en la poesía hispanoamericana. Nada tiene que ver ni con la inflación del ego, ni con discursos de tribunos, ni con la antipoesía, ni con el neobarroco. El suyo es un lenguaje tenue, armonioso en forma y fondo. Sus palabras se despliegan en el lugar donde el mundo subjetivo y el mundo objetivo, la naturaleza y la mente, son notas del mismo instrumento poético. La persistente lluvia, las bellas flores  y las ciudades de distintas latitudes, así como las referencias al arte y a los artistas, pueblan el libro, y siempre están rodeados de un aura de ensueño.

En la ciudad, los árboles son los convidados de piedra o de la piedra. Se yerguen inmóviles, inválidos, enraizados en el asfalto. El árbol itinerante, en cambio, vive en continuo movimiento; porta flores, nidos, pájaros. Cruza la ciudad y la mira con ojos que florecen. Ese árbol siempre verde es la poesía de Miguel Ángel Zapata.

 

 

Miguel Ángel Zapata
Un árbol cruza la ciudad (México: El Tucán de Virginia, 2020)
Segunda edición.

Selección de textos

 

 

 

El grito de Munch

Camino ensangrentado por el puente de Brooklyn. Acabo de cometer un crimen imperdonable. He escrito un poema bajo el cielo color sangre y se han sanado todas mis heridas.

Es la primera vez que escribo confundido en un puente de fierro partido por la mitad.

Se oye el lamento de los glaciares y el cielo tiembla. Las palabras se sobrecogen en el vacío de la ciudad, y el puente se quiebra ante la negrura de un fiordo.

Un árbol llora su soledad y yo busco mi remanso en un glaciar sin fondo.

Estoy perdido en una calle gélida de Nueva York y ningún rascacielos escucha mis lamentos.

La poesía tiene color sangre y el dolor retumba tiernamente en el corazón de todos los puentes.

 

 

Visión de Osip Maldestam

Osip miraba el cielo y la nieve caía sobre sus párpados agotados. Levitaba con el frio deseando el calor de una vela. Escribió poemas sobre las cucarachas y Stalin. Allí, perseguido y acosado, se inició el calvario hasta su muerte. Leo sus poemas y aprendo a resistir el frio. Lo invito a tomar el té en casa esta noche que nieva en Nueva York. Mirar el fuego subir por los ladrillos le da paz. La llamarada de la noche y la vigilia lo sostienen. Se levanta y mira por la ventana: la nieve no cesa, y el mar negro y sordo ya no lo atormenta más.

 

 

Homenaje a Marina Tsvietáieva
(segunda parte)

Busco la noche de
San Petersburgo
en este ovillo que
se desata sin parar,
en estas flores que
de repente vivas en
su séptima noche
cierran sus ojos
a la mañana.
La busco en la
noche
cuando mis
enemigos
temerosos se
alejan
por la penumbra,
y ella con su música
triunfante
se queda conmigo
y canta como la
primera lluvia sobre
la tierra.

 

 

El jardín Pushkin

El cielo crece debajo del árbol.

Prisionera sube la sangre y los
barrotes se vuelven viento.

Pushkin oía el eco de la lluvia
como si leyera un poema
en un bosque inaudible.

El árbol es ahora el cielo reverdecido.

El profeta vuela el desierto.

Miguel Ángel Zapata Poeta y ensayista peruano, destacado representante de la poesía de su país y de la actual poesía hispanoamericana. Catedrático de litera ... LEER MÁS DEL AUTOR