Miguel Ángel Ortiz

Milagros para una tarde de lluvia

 

 

Mano

1) Tomar una luciérnaga
2) Colocarla sobre la línea de la vida
3) Observar cómo se ilumina el destino, la llanura.

 

 

Whitman

Dice Santa Teresa: no hay que hablar con los hombres
sino con los ángeles.

Escribo,
muchas lámparas,

muchos faroles
me alejan de mí:

he tensado este hilo de mí hasta mí.

 

*

Más allá, cruzan dos palabras.

Coloco mi sueño sobre una pared.

Intento acercar toda la luz posible —igual que en los retratos—,
para lograr  entender mejor.

 

*

En la ventana se ha dibujado la niebla, una niebla pequeña: la neblina.

Una noche, con los músicos gringos, hablamos sobre arte, sobre algún poeta.

¿Alguno?…y yo dije ¡Whitman!, pero no supieron.

Eran jóvenes y felices.

El viejo Whitman, con su barba de mariposas, nos miraba con indulgencia desde el jardín.

 

 

Vaho

En la sierra, los caballos rompen el hielo que cubre los estanques. Golpean y golpean, meten su hocico y toman el agua enjaulada por el témpano.

Luego, el vapor sale de sus ollares y se vuelve otra vez nubes.

Yo soy un caballo que golpea contra el hielo de los meses, y busca tomar el agua para regalártela, para que el cielo completo te acompañe.

 

 

De Milagros para una tarde de lluvia

 

…cómo se va la vida  dijiste
soñé con una tortuga toda la noche
te escuchaba la ciudad era calurosa y pálida
te quiero mucho pensé pero no dije la luz de tu pueblo
crecía un corazón en un roble no
me quedé viendo tus pies en las sandalias
esos peces largos
había silencio como musgo y montañas no
azucenas
dibujaste el mar y la lluvia sobre el mar era triste no
dije te quiero mucho
las azucenas volaban entre nosotros
cómo se va la vida y te fuiste flotando entre los árboles
en casa
dormí y soñé una tortuga no
es tan tibio el abrazo de las mandrágoras

 

 

De Funerales que jamás las brujas

 

Una mariposa en mis manos:
esta tristeza del polvo.

 

 

San Mateo

El Aparecido
se ha sentado a desayunar.

Busca una orquídea entre sus ropas
y escribe con ella
sobre el mantel.

En su morral —musita—
los instrumentos para pintar
un paraíso
en las paredes de su iglesia.
Gira una parvada
entre los libros y los platos.

Una cuchara atraviesa
el sosegado
blancor de la leche.

 

*

Un fogón.

Un cerdo, una gallina, una vaca
para desayunar.

La Pasión según San Mateo, también.

Un coro es un caballo esta mañana,
una voz se disloca,

acomoda sus huesos
sobre esta llanura.

 

*

La leche, al hervir, se ha desbordado del tazón. Un sorbo entra a la boca, inunda la garganta, baja al estómago y lo calienta. Leo las palabras sobre el mantel: “Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa del tributo público, y le dijo: Sígueme. Y él se levantó y lo siguió”.

 

*

Mira qué bien me han quedado estos huevos con tocino, aún hay leche en el refrigerador.
Una codorniz vino hasta la puerta y comenzó a rezar.

 

 

De El cuaderno de las resignaciones

 

¿Sabías Bosie
que la noche es también como un barco
una tortuga
una estrella fugaz que cae de pronto entre la hierba?

 

Miguel Ángel Ortiz (Durango, México, 1984) es autor de Huevo de avestruz (e-book/2017), así como coautor de El vicio de vivir. Ensayos sobre la ... LEER MÁS DEL AUTOR