Lawrence Ferlinghetti

La poesía moderna es prosa

 Versión al español de Esteban Moore

 

Estoy ojeando una gran antología de poesía contemporánea, y pareciera ser que “la voz que es grandiosa en nuestro interior” suena en nosotros mayormente como una voz en prosa, sin embargo se halla dispuesta en la tipografía de la poesía. Esto no quiere decir que sea prosaica o no tenga profundidad, esto no quiere decir que esté muerta o muriéndose, o que no sea agradable o que no sea bella o que no esté bien escrita o que no sea ingeniosa o valiente. Está muy viva, muy bien escrita, bonita, “vivaz prosa —prosa que se mantiene de pie sin as muletas de la puntuación, prosa cuya s sintaxis es tan clara que puede ser escrita sobre toda la página, en formas abiertas y campos abiertos, y ser todavía, transparente, prosa muy apreciada. Y en la tipografía, el intelecto poético y prosaico se enmascaran en el ropaje de uno y otro.

Caminando a través de nuestros edificios en prosa en el siglo XXI, cualquiera puede mirar hacia el pasado y maravillarse ante esta época extraña que le permitió a la poesía caminar en los ritmos de la prosa y aún denominarla poesía. La poesía moderna es prosa porque suena tan apagada, sumisa, como cualquier mujer u hombre en las ciudades cuya fuerza vital está sumergida en la vida urbana. La poesía moderna es prosa pues no tiene demasiado duende, oscuro espíritu de tierra y sangre, no tiene el alma del canto oscuro, ni pasión por la música. Al igual que la escultura moderna, ama lo concreto. Como el arte minimalista, minimiza la emoción, se inclina por una ironía implícita, discreta, y una insinuada intensidad. Como tal es la poesía perfecta para el hombre tecnocrático. ¿Pero en cuantas ocasiones esta poesía se eleva sobre el mezquino nivel del mar de su burbujeante chatura?  Ezra Pound en una ocasión decantó su opinión que sólo en tiempos de decadencia la poesía se separa de la música. Y es así como termina el mundo, no   con un canto sino con un lloriqueo.

Hace ochenta o noventa años, cuando todas las máquinas comenzaron a zumbar, casi (como parecía) al unísono, ciertamente el lenguaje del hombre comenzó a ser afectado por el absoluto staccato de las máquinas.  Y la poesía de las ciudades amplificó esto. Whitman era un remanente del pasado, entonando el canto a mí mismo. Y Sandburg, otro, cantando sus sagas. Y Vachel Lindsay acompañando el canto ritmos de tambor. Y más adelante estaba Wallace Stevens con su harmoniosa “música ficta”. Y estaban Langston Hughes. Y Allen Ginsberg, salmodiando sus mantras, cantando a Blake. Hay otros todavía en todos lados, poetas del jazz y poetas acompañándose con instrumentos de cuerda y plañideros llorones en las calles del mundo, haciendo poesía de lo urgente insurgente. Ahora, poesía del inmediato yo del instante, el encarnado carnal yo (como D.H. Lawrence lo llamó).

Pero la mayor parte de la poesía fue atrapada en el tipo caliente del linotipo y ahora en el tipo tan frío de la computadora. No hay canto entre los tipiadores, no existe el canto en nuestra arquitectura concreta, nuestra música concreta. Y los ruiseñores todavía pueden estar cantando en las cercanías del convento del Sagrado Corazón, pero apenas podemos oírlos en las tierras baldías de T.S. Eliot, ni en sus Cuatro cuartetos (que no pueden ser ejecutados con ningún instrumento y aún así son la prosa más bella de nuestro tiempo). Tampoco hay canción en la baldía prosa de los Cantos de Ezra Pound, pues no son cantos pues es imposible cantarlos. Ni en la prosa pangolín de Marianne Moore (que definió su escritura como poesías a falta de un nombre mejor). Tampoco en la gran prosa en verso blanco de Karl Shapiro hallaremos el canto, ni en el lenguaje más allá de los límites de la urbe de William Carlos Williams, no lo   encontraremos en el plano lenguaje de su Paterson. Todo esto es aplaudido por los profesores de poesía y los reseñadores en todos los mejores lugares, ninguno de los cuales cometerá el pecado original de decir que la poesía de algunos poetas es prosa en la tipografía de la poesía —tampoco los amigos del poeta nunca se lo dirán, tampoco los editores del poeta jamás se lo dirán—es la más estúpida conspiración del silencio en la historia de las letras.

La mayor parte de la poesía contemporánea es prosa poética pero está diciéndonos bastante, es un ejemplo, acerca de la muerte del espíritu a la que nos está sometiendo la civilización tecnocrática, enredada en máquinas y nacionalismos machos, mientras algunos continúan anhelando la presencia de algún ruiseñor entre los pinares de Respighi. Es el pájaro cantando lo que nos brinda felicidad.

Lawrence Ferlinghetti (Yonkers, estado de Nueva York, 1919). Poeta, novelista, traductor, artista plástico y editor. Su obra puede ser considerada un extendido  ... LEER MÁS DEL AUTOR