Jorgenrique Adoum

El hombre y la obra, un solo tronco de ramas florecidas

 

Por Xavier Oquendo Troncoso

 

 

EL ENCUENTRO Y EL CARIÑO

Conocí, por primera vez, a Jorgenrique Adoum en persona, a punto de cumplir 19 años. Un poco antes salí del Colegio y ya se había formado en mí ese dolor util de la poesía. Comenzaba a caminar por aquella etapa de devorador de libros de versos y me iba obsesionando con ese oficio vano y hermoso que me acompaña desde esos días hasta ahora.

En el mes de noviembre de 1990 (no recuerdo el día, pero ya se notaba la atmósfera navideña), en una pequeña sala de arte en Quito, Adoum presentaba su famosa antología Poesía viva del Ecuador –Siglo XX–[1], libro que me ha acompañado, hasta ahora, como si fuera la lámpara de una caverna platónica, sea para citarlo en casi todos aquellos textos en donde se hace referencia a la poesía contemporánea de mi país, o sea para formar, desde su índice de autores, el canon (incluir nombres, quitar otros, en fin, referenciar, con este libro, la poesía del siglo XX en el Ecuador). Adoum trabajó esta antología diez años antes que el siglo XX feneciera. En dicha selección figuran muchos de los poetas que siguen absorbiendo el tuétano de la sensibilidad poética en este país de la mitad del mundo, al que Adoum, y algunos otros ecuatorianos de exportación, me  enseñaron a amar, además de por su belleza, por su enorme poesía.

Recuerdo que en esa presentación del volumen hubo un anuncio: al final del acto protocolario se pidió que todos los poetas que ocuparon la sala y que formaban parte de su trabajo de selección, se acercaran al antólogo con el fin de que se retrate el momento histórico. Ahí, en ese momento, vi a muchos de los poetas que iban a acompañarme en este oficio de lector de la poesía de mi país. Años después habré de leerlos a casi todos. Habré de antologarlos a muchos, habré cumplido con ese sueño, con esa pasión de amar a la “Nación pequeña” (como denominaba metafóricamente Benjamín Carrión[2] al Ecuador), de reconocerme con este país en la poesía de sus hijos, de los que nacieron acá y que forman parte de la Patria Grande  (la lengua) y de la “raza” de los poetas. No pude hablar con Jorgenrique en ese momento. Lo veía firmar ejemplares de su estrenada obra. No pude, siquiera, comprar el libro. Lo adquirí unas semanas más tarde como regalo navideño de mis padres.

Años más tarde, en 1993, en una singular y hermosa lectura organizada por “La Casa de Montalvo”[3], en la ciudad de Ambato, fuimos invitados cinco poetas nacidos en la provincia de Tungurahua. A este encuentro se lo denominó “Cinco poetas ambateños radicados en Quito”. Los citados formamos una suerte de escalera cronológica: Jorgenrique Adoum y Alfonso Barrera Valverde[4] (nacidos en 1926 y 1929, respectivamente), Julio Pazos Barrera[5] e Iván Oñate[6] (1944 y 1948,  Pazos es el único no nacido en Ambato, sino en Baños de Agua Santa, ciudad tungurahuense) y yo (nacido en 1972). Esta lectura marcó mi vida. Tenía 22 años. Me sentía en el museo de Madame Tussauds, compartiendo con nombres inmensos de la poesía del Ecuador mi principiante trabajo. Pese a unas fotos con Adoum, aún no hablamos ni hubo acercamiento. Él estaba ya con toda la vida y la experiencia encima y yo, con toda la admiración por su obra, silenciando mi pasión hacia su palabra (ya había leído su antología El tiempo y las palabras[7] que tiene una condensada y muy selecta muestra de su lírica).

En los talleres de Lecturas y escritura que yo dirigía en esa época solía invitar a escritores para que entablaran un diálogo con sus integrantes. Los contertulios me reclamaban siempre por Adoum, a quien habitualmente les leía en voz alta. Me animé y lo llamé. Me recibió una voz cálida, acogiendo mi voz nerviosa. En menos de un minuto Adoum me dijo que aceptaba la invitación, que nos viéramos en una cafetería quiteña, que él estará allí puntualmente. Y así se dio. Él llegó primero y nos esperaba con un vodka tonic. El grupo estaba conformado por unos doce jóvenes. Debíamos entrevistarlo sin guión, sin un orden establecido. Y así fue. Todos nos quedamos pasmados por esa humildad que borraba la idea de escritor  inaccesible. El texto se reprodujo en la Revista Tintalabra[8] (1996), de la que salió un solo número, inolvidable. Y la entrevista de Adoum era el banquete.

Después de estos encuentros inolvidables, Jorgenrique Adoum se convirtió en el poeta ecuatoriano al que más he admirado y una de las personas por quien más cariño llegué a tener.

Desde aquellos años, y gracias al poeta y diplomático Rubén Astudillo y Astudillo[9] (a quien también visité mucho en su oficina, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y que, en algunas ocasiones, me dijo que fuéramos a visitar al “Coco” Adoum, como lo llamaba cariñosamente, para “comer libanés” decía) tuve la suerte de ir seguidamente a la morada de Adoum. Jorgenrique creyó que yo también era funcionario de la Cancillería, además de un joven poeta, inquieto y principiante.

En el Encuentro Nacional de Literatura ecuatoriana, que se da en la ciudad de Cuenca, homenajearon, en 1996, al “Turco”, como llamaron a Adoum todos sus cercanos. En dicho acontecimiento, me cuentan, le preguntaron al poeta su opinión sobre la poesía joven en el país. Él respondió que no la conocía. Los jóvenes le insisten y el poeta responde algo así como (no es precisa la cita): no conozco las nuevas propuestas de los jóvenes. Conozco a un poeta joven, de apellido Oquendo, que está haciendo poesía, trabaja en la Cancillería… Estas afirmaciones me trajeron muchos problemas, comenzaron a aparecer por diversos flancos una suerte de “enemigos gratuitos”, que inclusive declaraban en la prensa en mi contra, con ataques impertinentes y desconcertantes. Además tuve que aclarar a la gente que no trabajaba en la Cancillería, y asumir mi posición frente a la poesía.

Alguna vez, conversando con Adoum sobre este tema le dije algo así: con eso que usted dijo en Cuenca (lo traté siempre de usted) en lugar de hacerme un bien me hizo un mal. Y Adoum solo sonreía con complicidad.

Las visitas a su departamento me resultaban una fiesta. Siempre estuvieron cubiertas por una suerte de atmósfera surrealista. Al llegar, en la puerta, me recibía la mascota de la casa, una hermosa gata llamada Colette, de propiedad de Nicole Rouan[10], esposa de Jorguito, a la que él tildaba de “suiza y cartesiana”. Tras la enigmática gata, asomaba la figura no menos mágica de Nicole, la que siempre  acomodaba a los invitados en una sala minimalista y moderna y nos apuraba con una bebida: qué se sirve –nos decía. Una ron, un whisky, una vodka. Mientras apurábamos el primer trago, Jorgenrique bajaba desde el segundo piso de su departamento dúplex: caballerísimo, poetísimo, conversadorísimo. Me preguntaba cómo estoy, yo le respondía casi con frases monosilábicas. Y el maestro comenzaba a hablar. Yo era su devoto escucha. Las citas podían variar: en una cebichería, en donde Jorgito pedía “uno sin cebollas”. Me llamaba la atención que el Turco comiera el cebiche ecuatoriano sin cebollas. Las otras citas eran con comida libanesa: quipes, humus, enrollados de hoja de uva, arak, dulces y café. Largas tertulias en su casa, en la mía, en la de amigos comunes.

Como un gran honor, cuando el Ecuador decidió nominarlo para el Premio Cervantes de las Letras, tuve la suerte de presentar su candidatura en la ciudad que nos vio nacer a los dos: Ambato. Allí dije:

Los hijos verdaderos de este país nunca han dejado abandonadas sus laderas repletas de verdor, sus mares eternos e invulnerables, su magia ahíta de corazones ágiles, dúctiles, hambrientos de cadencia y suavidad. Si paseamos los ojos y la sensibilidad por la poesía de Adoum, entonces el mundo se abrirá, y en el centro siempre es el Ecuador, sus pasillos que albergan un pentagrama sagrado, su geografía y sus héroes, sus luchas y esos hombres y esas mujeres que no se dan por vencidos. Cada día nacen cientos de niños en estas tierras amarillas, en las que habitó el oro y la canela, en las que las nubes escriben la geografía de la atmósfera. Esos niños verán fútbol y verán ganar o perder a su equipo tricolor; y verán florecer el maíz y los tulipanes; y verán caer presidentes y verán cómo los vientos chocan en Cochasquí, y cómo las frutas se maduran en Ambato, y cómo el mar da permiso a las costas en las playas enormes de la nación. Esos niños deberán leer a Adoum, tarde o temprano y con él crecerán y se ramificarán, y el aire les dará nuevas esperanzas, nuevas fuerzas. El sol, con Adoum, en los nuevos hombres y en las nuevas mujeres del antiguo Reino de los Quitu-caras, quemará sus heridas tatuadas desde el nacimiento. Adoum ya ha pagado su deuda externa y su deuda interna. Él está para el resto, allí están sus libros, sus artículos, su conversación deliciosa. Allí su espíritu, su aire de niño, su cosmopolitismo. De él surgirá el cauce para nuevas aguas.[11]

Jorgenrique no pudo ir al evento en Ambato, debido a que convalescía de una operación. Viajé junto con Nicole. A nuestra vuelta festejamos, ya con él, con un “árabe” de almuerzo y brindamos por las cosquillas que produce la amistad. Las mismas que sigo sintiendo cada vez que lo leo, que visito a su hija Alejandra, cada vez que decido abrir mi capa atmosférica y sentir la presencia sabia de mi maestro y amigo a quien nunca dejaré de sentir y admirar.

EL ASOMBRO Y LA OBRA

Lo primero que produce la vasta obra de Adoum es asombro debido a su  cantidad, calidad y diversidad. Muy pocos escritores ecuatorianos como él han intervenido  en todos los géneros literarios posibles (se me ocurre solo Jorge Dávila Vázquez[12]): Poesía, Cuento, Novela, Teatro, Ensayo, Crítica Literaria, Crónica periodística, en fin, todo lo escribible pasó por esa mano que se alimentó siempre de las letras, la cultura, la sensibilidad y el amor por su país, del que un día se fue, pero (lo dijo claramente): yo me fui con tu nombre por la tierra[13] y así lo cumplió: observó a su país, desde lejos y lo amó desde el recuerdo, la extrañeza, las costuras de su historia, el corazón de la lejanía. Se ama verdaderamente en el recuerdo y el amor de Adoum por su Patria empieza justo por donde el filósofo griego Sócrates de Abdera nos enseñó a comenzar: desde la ignorancia, que es la verdadera sabiduría: aprender a saber lo que sabes, pero, sobre todo, lo que no sabes. Jorgenrique buscó al Ecuador en su historia. Y así escribió sus libros inaugurales: Ecuador Amargo (1949) y Carta para Alejandra (1952). En el primero está su amor profundo por el País y por ese sentirse de esta Nación; saber que hay algo que permite a los otros identificar en uno mismo la ecuatorianidad profunda y el rasgo particular de pertenecerse a la “Nación pequeña”. El segundo libro es un largo poema dedicado a su hija Alejandra, la primogénita, que se convirtió en un emblemático poema confesional, en donde comienza a figurar la gran poesía de Adoum y ya asoma, por la ventana de sus versos, la inaudita capacidad de metaforizar en contemporáneo: la imagen sostenida y el verso largo y decidor con el sustantivo fuerte y concreto y el adjetivo surrealizado. Ya Adoum se estaba formando como un caparazón de tortuga para ir contra cualquier estación defendiendo la causa pluma por pluma como diría Hernández.

Citando al poeta colombiano José Luis Díaz Granados: El 16 de octubre de 1952, en Temuco, su ciudad adoptiva, Pablo Neruda declaró a una periodista sudamericana: ‘Los ecuatorianos tienen el mejor poeta de América’. En ese entonces, Jorge Enrique Adoum contaba sólo 25 años y terminaba estudios de Filosofía y Derecho en la Universidad de Santiago de Chile[14]

En ese mismo año publica y revela su intención con su obra trunca Los cuadernos de la tierra. El proyecto original era publicar una suerte de libro fragmentado sobre la historia de América en su concepción total. En 1952 nacen los dos primeros cuadernos:  I. Los Orígenes, II. El Enemigo y la Mañana. Adoum pretendió, con este proyecto poético, publicar ocho libros. Se publicaron cuatro (para 1959 publica Dios trajo la sombra, que gana a año seguido el Primer Premio que da Cuba con su recientemente fundada “Casa de las Américas” con un jurado extraordinario: Nicolás Guillén, Benjamín Carrión y Virgilio Piñera. En 1961 se imprime su cuarto libro El Dorado y las ocupaciones nocturnas, con el que, cada vez más ligado a la experimentación, al tratamiento irrestricto de su corazón ecuatorianamente universal, termina una tarea que él mismo se impuso y él mismo rompe sin lograr publicar los ocho libros que había concebido en esta saga poética). Del último libro el premio nobel mexicano Octavio Paz dijo: el poema que me parece perfecto y poderoso es el primero “El dorado”.

Sigue su periplo poético en el tiempo y sus siguientes libros son: Notas del Hijo Pródigo (1953) y Relato del Extranjero (1955), que aparecen entre los dos primeros cuadernos de la tierra y los dos últimos. Estos libros siguen siendo una suerte de continuidad en la búsqueda de la identidad, de esa manera de ser ecuatoriano, de no desconocerse. Con ellos, aún con cierto viento nerudiano en su concepción política y social, enseña el Ecuador a los ojos del Ecuador, no desde la concepción geográfica de Carrera Andrade, sino desde el punto coherente de la ironía, desde las cenizas, desde la crítica del caos, diciéndole al mundo que el mejor sitio de nuestra geografía había sido tomado por la gente más cruenta y cruel. Adoum, poeta de una izquierda inclaudicable, siempre se sostuvo presto en el trabajo de darle un nombre a nuestra Patria repleta de poesía por todas partes.

Para 1964, Adoum publica Yo me fui con tu nombre por la tierra, libro que se vincula con el posvanguardismo, abre el panorama a una poesía más ligada con el tratamiento del lenguaje. Es una poesía más poderosa como concepto (léase Surrealismo al aire libre y Despedida y no, par de poemas dignos de figurar en cualquier antología mundial, por exigente que sea). Nunca pierde el humor negro desprendido de la ironía literaria.  El poeta y crítico Saúl Yurkievich señala: No quedan en el Adoum maduro resabios del titanismo demoníaco, de la grandilocuencia borrascosa, del telurismo catastrófico, o de la violencia seminal de cierta poesía latinoamericana…

Más tarde aparecerán sus libros capitales: Curriculum mortis (1968), Prepoemas en post español (1979) y El amor desenterrado (1993). Es en Curriculum mortis donde la voz de Adoum es personalísima, se despoja de cualquier ritmo nerudiano, o vallejiano, de cualquier implicación enorme, y se deja llevar por su propio dolor, por su propia sabiduría y por sus propios caminos frente a la lengua, a la estructura, al discurso poético. Una posvanguardia que crecerá en Ecuador con su enorme aporte, luego de las voces torrenciales de nuestros vanguardistas: Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena y César Dávila Andrade. Y creciendo junto a la lírica de Juan Gelman (a quien el propio Adoum consideró el poeta más grande de la lengua) y en Ecuador la voz parca y firme de Efraín Jara Idrovo, Rafael Díaz Icaza, y más tarde, Rubén Astudillo y Astudillo.

Curriculum Mortis contiene poemas muy celebrados, que corresponderán, como debe ser, a los más altos textos de nuestra poesía en el siglo XX. Véase, por ejemplo: “Ecuador: 1. La Geografía, 2. La memoria, 3. La historia, prohibido fijar carteles, Mayo del 68 (siglo xxi), Agosto es el mes más cruel y elegía a uno mismo. El libro está concebido como un texto de experimentación, pero su lenguaje se remite a la expresión, al decir, desde la perspectiva de la presencia de una voz, no del anonimato, no del vacío, no del silencio.

Prepoemas en postespañol debe ser su poemario más ambicioso en la experimentación. Muchos de estos poemas (donde la extensión tiene que ver con la brevedad y su discurso es más ligado a la síntesis) demuestra la maestría adoumiana frente a las causas que siempre defendió (lo irónico de la vida, lo duro, lo soez, lo descarado, lo sin vergüenza, lo sin dignidad) en mezcla con ese cosmopolitismo enorme que nace desde la manera de ser del Ecuador a los ojos del mundo. sabe que el corazón universal nace del sitio donde se nace, donde come su familia, donde mira los primeros crepúsculos, donde ama y lo aman.

Para 1993 Adoum publica su último gran libro de poesía. El amor desenterrado y otros poemas, esos “otros poemas” son libros individuales de gran importancia en su obra (“Tras la pólvora, Manuela –un texto fragmentado en donde el personaje poetizado es Manuela Sáenz, del que Adoum ha confesado que es una suerte de nuevo cuaderno de la tierra, concebido en 1962. 24 años más tarde, Adoum se acerca a este poema y lo revisa, dejando su tono de aquella época–; Postales del trópico con mujeres –un hermoso texto fragmentado donde el tono y los registros cambian y se retratan microhistorias de amor en contextos críticos e históricos inusitados, bellos y terribles. Y su magistral Sobre la inutilidad de la semiología, un poema de intimismo universal, donde hay un yo intelectual derrotado frente al amor y al lenguaje.

El impecable El amor desenterrado es un poema donde reflexiona sobre el amor y la muerte (si no son la misma cosa, como pensaría él mismo) a propósito de los famosos “Amantes de Sumpa”: Dos esqueletos ligados en actitud amorosa, que tienen 8000 años A. de C. y que fueron encontrados en un cementerio prehispánico, en las costas del Ecuador.

A partir de los años 1970 Jorgenrique Adoum es el poeta que más reivindica la poética ecuatoriana. Su poesía cultísima dialoga con la poesía europea y latinoamericana de avanzada. En los intermedios de su obra poética, escribe ensayos, dos novelas, periodismo político y cultural, teatro y hace traducciones, una antología, en fin, deja que el eje de su columna vertebral de poeta se disperse  por otros cauces y géneros.

De su novela Entre Marx y una mujer desnuda (Premio Xavier Villaurrutia, 1976) se expresó el conocido intelectual ecuatoriano Miguel Donoso Pareja: “Entre Marx y una mujer desnuda constituye una rígida y sabia estructura, el sumun de los mecanismos narrativos alcanzados hasta el momento de su aparición. Hábilmente, por eso, Adoum enseña las costuras de su novela, las explica para que, de esa manera, lo que pudiera ser un defecto se convierta en virtud”.

Ciudad sin Ángel (México, 1996) es una novela dotada de ese recurso que siempre estuvo presente en su obra: la experimentación y el compromiso ante todo: en el decir, en el hacer, en el pensar, en el vivir, en la utilización de la lengua, en la emoción.

En 1997 aparecerá sus Amores fugaces, un libro compuesto por cinco relatos largos y de gran cadencia verbal, repleta de recursos poéticos y ritmo, pero con un añadido muy importante: un subtítulo: Memorias imaginarias. Estos cuentos vienen a resultar una suerte de complemento, sobre todo en cuestiones de su historia amorosa con el fundamental libro De cerca y de memoria –Lecturas, autores, lugares–, su libro de memorias, publicado, en primera edición, en Cuba, en 2002. En este bello libro Adoum recrea sus recuerdos y vivencias alrededor de muchas de las más altas cimas del arte y la literatura mundial; sus viajes en su larga y nutrida vida. Por el libro desfilan Miguel Angel Asturias, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Jorge Icaza, Benjamín Carrión, Oswaldo Guayasamín, José Lezama Lima, Juan Gelman, Octavio Paz, Francisco Urondo, Atahualpa Yupanqui y sobre todo su experiencia con el gran poeta Pablo Neruda, de quien fue su secretario en Chile.

Una obra asumida para perdurar. Como lo estamos confirmando, muy a nuestro favor.

Por ello debemos siempre estar con él, en él, por él, para él, luchando por la poesía de nuestra Patria. Para que encendamos el faro eterno frente a su voz y recorramos con él este largo camino del poema.

Recordaré siempre el bello poema escrito por el poeta y escritor Raúl Vallejo Corral, que escribiera a propósito del homenaje que le hicimos a Adoum en el Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador “Poesía en Paralelo Cero 2010”, donde el vate emula el precioso poema En el principio era el verbo y consigue esta pieza de notable valor:

texto de una elegía para jorgenrique
adoum, por más señas del curriculum mortis

te palabro te memorio te presente
texto con personaje, los (pre)textos
tus prepoemas, tu poslenguaje.
tu/mi ecuador amargo, yaravioso
tu corazón maltrecho de tanta patria
ladrimugidolúgubre tanto.
bendita bichito entre todas
pielicarne, amalgama, convexada-concavida.
te indignación mundoalrevés
te rabia dolohorror la encuadernada tierra
triste estremecimiento de la inteligencia
amigente felicisteza avodkada,
jorgenrique, escriturante sumergido,
transeúnte y aprendiz, reflotado
en la angustia de la literatura:
te permaneces, te persistes —poetamente.

Creo que el mundo aún no es justo con nuestro Turco universal, creo que aún hay mucho Adoum por explorar, para sacar nuestra raíz ecuatorial. Hay mucho por qué agradecerlo, por qué tenerlo siempre como nuestro amuleto frente al mundo:

Por la patria, por las letras, las palabras,
Por sus libros y por los libros que él ha sido,
Por los sueños que ha soñado y que ha intuido,
Por Neruda, por París y por Cortázar,
Por sus hijas, por Nicole y por sus pasos,
Por la China y por Marx y Benjamín,
Por la Casa, por Ambato, por la lengua,
Por su crítica, su ensayo, su vieja juventud,
Por lo que supo, por lo que calló humilde,
Por los que lo queremos, por los otros que son pocos,
Por su teatro, por su inclaudicable posición,
Por valiente, por no fallar en la contienda de vivir,
Por su voz, por su carisma, su honradez,
Por viajar, por llevar nuestro nombre por la tierra,
Por no caer en lo ligero, por su dulce densidad,
Por estar siempre renovado, por renovar la poesía,
Por honrar a los ausentes, por no ausentarse de la Patria.
Por querer otro país, por vivir en él, por luchar con él,
Por el francés, las traducciones, sus relatos,
Por sus memorias, su figura, su avidez,
Por despertarnos, por darnos a conocer la identidad,
Por seguir soñando, por no decaer, por intuir,
Por conversar, por ofrecer, por entregar,
Por invitar a la cas(z)a de sus libros,
Por fortalecer a la literatura y a los que la amamos.
Por ser Quijote de Ecuador, por el Sancho que acompaña.
Nuestro respeto a Jorgenrique Adoum.
Nuestro cariño para él, nuestra admiración.

Y que sea lo que deba ser siempre en el corazón
Y en más allá y en el acá. Siempre. Ni más ni menos.

Quito, 6 de julio de 2014

 

 

Notas

1.Editorial Grijalvo. Colección El Espejo de tinta, Quito, 1990.
2.Escritor, político, diplomático y promotor cultural ecuatoriano (Loja, 1897 – 1979). En 1944, fundó la Casa de la Cultura Ecutoriana y se convirtió en su primer presidente. Es uno de los intelectuales más influyentes del Ecuador hasta la fecha.
3.Museo y mausoleo de recordación de la emblemática figura de Juan Montalvo, escritor ecuatoriano, nacido en Ambato (1832 – París, 1889).
4. Ambato, 1929 – Quito, 2013. fue un poeta, narrador, novelista, jurista y diplomático ecuatoriano.
5.Baños, 1944. Poeta, crítico y profesor universitario. Premio Casa de las Américas 1982 y Premio Eugenio Espejo, 2010.
6.Ambato, 1948. Poeta, narrador y catedrático universitario.
7.Colección Antares. Editorial Libresa, Quito, 1992.
8.Fundación Nueva Generación, Quito, 1996
9.(El Valle, Azuay, 1938 -2003). Poeta, periodista y diplomático ecuatoriano
10.Desde 1970 fue la compañera sentimental de Jorgenrique. Tradujo mucha de su poesía y obra en general y fue su editora en Ediciones Archipiélago, que ella fundó en Quito. Murió en 2011.
11.Fragmento del texto leído para presentar la candidatura de Adoum al Cervantes en la ciudad de su nacimiento: Ambato, 24 de noviembre de 2004.
12.Escritor ecuatoriano nacido en Cuenca, en 1947.
13.Libro y poema de Jorgenrique Adoum, publicado por primera vez en 1964.
14.Extraído de la página web: http://www.latinoamerica-online.info/cult05/letteratura05.25.diaz_granados_adoum.html

 

 

Poemas de Jorge Enrique Adoum

 

 

YO ME FUI CON TU NOMBRE POR LA TIERRA

 

Nadie sabe en dónde queda mi país, lo buscan

entristeciéndose de miopía: no puede ser,

tan pequeño ¿y es tanta su desgarradura,

tanto su terremoto, tanta su tortura

militar, más trópico que el trópico?

Tampoco

lo sé yo, yo que lo amo a pesar de mis jueces

(la Corte se reúne en el café las tardes

y ni un testigo sino mi taza que pagaron

una vez). Y, condenado a muerte en su dulce

calabozo, abro los ojos de vez en cuando,

lo veo igual y le pregunto: ¿Qué siglo

será hoy, dónde se esconde el corazón

para hacerme doler?

Si de la tierra

no te quedara amar sino el paisaje, si solamente

te faltara la espada agresiva de la luz.

Pero no es ése el caso. Sucede que no estoy

orgulloso de mi aldea, ni de su río, el único

que sigue siendo el mismo bañándote cien veces,

ni de la cometa que enarbolaba el polvo

en el mercado. No me dejan estarlo, no me han dejado

nunca unos señores compatriotas, cincuenta

años en la misma esquina calculando

los mismos asuntos importantes -el mundo

sólo va de tu bolsillo a su bragueta- y ven

pasar el tren y no lo toman, ven acercarse

el día pero se acuestan, ven la vida pasar

pero regresan y animal, voluntariosísimamente,

se amarran por el cuello al palo de la iglesia.

 

Debo estar orgulloso ¿de qué, si la ternura

solteronas de ambos sexos me robaron en la infancia,

aprovechando que no estuve? ¿Y lo demás, cuando

indagan si es aún una colonia pobrecita,

con la cabeza a un lado, mientras le abren

la blusa democráticamente? ¿Qué puedo

contestar si ven la fecha de hoy y notan

que vive el encomendero todavía en su fósil,

si me miran llevando un indio de la mano,

aterido de patrón y tiempo, intacto en la obediente

piedra, estatua para adentro, con que lo

llenaron?

Ah si fuera dable por un día

limpiar el amor de todo cuanto es cierto,

como cuando nos toca los párpados el delirio.

Porque a veces no es posible tolerar a la madre

con sus cosas.

Quisiera entonces que no encuentren

la lupa, que no miren de cerca lo difícil, eso

no nuestro, tan desprecio, tan asco. Pero insisten

y como soy patriota digo: “Sucede que los Incas”.

 

En dónde queda, di, di qué le hicieron.

 

(De Yo me fui con tu nombre por la tierra, 1964)

 

 

 

ECUADOR

 

1.La geografía

 

Es un país irreal limitado por sí mismo,

partido por una línea imaginaria

y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide.

Si no, cómo podría la extranjera retratarse

perniabierta sobre mi patria como sobre un espejo,

la línea justo bajo el sexo

y al reverso: “Greetings from la mitad del mundo”.

(Niños, grandes ojos rodeados

de esqueleto, y un indio que se llora

montañas de siglos tras un burro).

 

 

2.La memoria

 

Cariada el alma, duele en el nervio de la raíz

ese pasillo, y yo, perro de Pavlov, voy de un salto

a sentarme a la puerta de la hojalatería

(allí siempre era de día) a husmear la calle

por la que me fui a volver y me siguen pegando.

Cuando no se tiene patria todavía sino

esa tristura irremediable debajo del orgullo,

patria es el bolsillo de la memoria de donde

saco esto: la indiada amazorcada en la borrachera

de la misa y desgranada a puntapiés el domingo de tarde,

el cementerio a donde acompañé a tanto compañero

de la escuela a repasar las tablas de la ley: esto,

trozos de un animal antiguo, esto me basta, reconstruyo

íntegro el tórrido patriótico paleolítico folklórico,

las cuarteaduras de la república, la greda consuetudinaria

en que resbalamos a gusto. (Tú también, huesito

de dinosaurio, tu tobillo por donde estás atada

a mí, gran descuartizada, y tu otro tobillo

por donde estás atada, porque yo soy tu destierro.)

Y la canción con que arrullan al asesinado

para que se muera sin decir nada

y con que hacen sufrir al perro

para ver cómo se llena su glándula.

De gana. Por puro experimento.

 

 

3.La historia

 

Nadie eligió a la iguana: saurios

periodos militares: primer lunes

de la tierra donde el pleistoceno es todavía

ese futuro de que habla el bolchevique.

Cuando atraca la Beagle, el cuadrumano autóctono

aún no se ha enterado de que ha vencido a Dios

y se asusta, se persigna con sal, arrepentido:

“Solo el buitre tiene razón”. (La tortuga,

con su tristeza histórica, sigue arrastrando

su pereza caparazón a cuestas.)

Islas de volcán

y bestia, datos de Darwin.

Una fauna

lenta hambrienta lo persigue en el paisaje

hambriento: solo el buitre gobierna.

“Acosado

por propalar rumores falsos sobre la selección

de las especies y la supervivencia del más fuerte.”

 

Hablaba de los compañeros desterrados.

 

(De Curriculum Mortis.“Informe personal sobre la situación”, 1973)

 

 

 

 

PROHIBIDO FIJAR CARTELES

 

Despiertas casi cadáver cuando el reloj lo ordena,

el día no te espera, hay tanto capataz que mide

el milímetro del centavo que se atrasa por ti,

bebes el café que te quedó de ayer y sales

consuetudinario PROHIBIDO CURVAR A LA IZQUIERDA

y casi PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED pisas el césped

porque ibas a caerte, luego avanzas, ciudadano

y durable, PROHIBIDO CRUZAR sin saber para qué lado

ir ni para qué PROHIBIDO ESTACIONARSE porque no puedes

parar la maquinaria infatigable con tu dedo

sólo porque te entró una astilla en el alma,

OBEDEZCA AL POLICÍA así es más fácil, saluda,

di que sí, que bueno, PROHIBIDO HABLAR CON EL CONDUCTOR

y quitándole dócilmente el sombrero estupefacto

PONGASE EN LA COLA anuncia tu hereje necesidad

de trabajar en lo que fuese, NO HAY VACANTES,

tal vez el año próximo por la tarde, pero no te dejan

dejar para mañana lo que puedes morir hoy

y aguantas y volverás cuanto te llamen PROHIBIDO

USAR EL ASCENSOR PARA BAJAR con tus piernas, para eso

las tiene gratis desde el último accidente,

NO SE ACEPTA RECLAMOS, para que vayas de guerra

en guerra con tu himno nacional SONRÍA, tu banderita,

la patria a la que le debes tanto, como todos,

pero ten cuidado, imbécil: por ir pensando en tu metafísica

descosida ibas a entrar en el parque público

PROHIBIDA LA ENTRADA, zona estratégica, tú , negro,

humano, perro cívico, civil, SILENCIO, y tú sabes

que no debes PROHIBIDO PORTAR ARMAS, eso también

se sabe y tampoco los proyectos de amor, los aromas

futuros, no suena todavía la sirena de las seis,

PROHIBIDAS LAS HUELGAS que es cuando puedes pensar

LEA SELECCIONES TOME COCA-COLA PROHIBIDO ESCUPIR

hombre libre de este país libre del mundo libre,

y acatas las yuntas formidables de los diarios

y agradeces: otros piensan por ti y les cuesta

para que sigas libre, no te llames PROHIBIDO

USAR EL TELÉFONO sólo para tener quién pregunte

por ti PROHIBIDAS LAS VISITAS EN LAS HABITACIONES

vayan a creer que estás enfermo, PROHIBIDO FORMAR GRUPOS,

porque tú, individuo, aislado, alicaído, con el vientre

pegado al paladar que te sabe a medalla, eres inofensivo;

mejor apágate la luz, deja para algún días los rencores,

ponte en toque de queda, métete en ti, prolóngate

durmiendo para que vuelvas a amanecer, heroico

de puro testarudo, a leer las nuevas instrucciones

para hoy como un estado de sitio: prohibido tener

libros de Marx y otros libros, prohibido llevar los cabellos

como te dé la gana, prohibido ir a China, prohibido

besarse en los parques, prohibido tener fotografías

del Che, nombrar al Che, leer al Che y otros autores,

prohibidas las faldas cortas, las películas suecas,

las canciones de Bob Dylan, los dibujos de Siné,

prohibido hablar mal del gobierno, prohibida

la información sobre los grupos subversivos, prohibidas

todas las manifestaciones, queda prohibida la lucha

de clases ha dicho el Presidente, y sigues, aguantón

y cobarde, sólo porque el instinto, él también,

quién lo creyera, te colgó su letrero: SE PROHIBE MORIR.

 

(De Curriculum Mortis. “Informe personal sobre la situación”, 1973)

Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926 - Quito, 2009). Poeta, ensayista y narrador ecuatoriano. Entre sus principales poemarios se encuentran Ecuador amargo LEER MÁS DEL AUTOR