Hugo Francisco Rivella

Carta de un moribundo sin estrellas

 

 

 

CARTA DE UN MORIBUNDO SIN ESTRELLAS

por Rilke y sus fantasmas

Poeta, escribe,
no tengas miedo al fracaso, vomita junto a Bukowski o tiende tus flores rotas con Enrique Molina,
únete a la deriva de Olga Orozco y bebe del putrefacto vino de Bustriazo.
No temas, no te alteres, no mendigues. No gimas como Cristo.
Escupe como Judas.
Sal a beber el mar con sus astillas, las ballenas azules de Jonás,
las palmeras, los dulces bananales, la isla con sus pájaros exóticos.
Bébelo como Shilley cuando las tempestades
o húndete en la sombra de Alfonsina desnuda.

Párate frente al mar hasta que tiemble su corazón de pájaro.

Poeta no esperes al poema en el altillo,
salid a buscarlo por todos los rincones, no lo dejes huir ni sollozar, tómalo de la primera letra que te ofrezca, exprímele los sesos.
No lo esperes sentado como se espera a una mujer lejana.
Amigo, escribe con todo el Universo bajo el pie,
que chillen las luciérnagas y los tigres no puedan sostenerte la mirada,
que el crítico de estilo emigre a otros planetas,
y tu lengua, húmeda y secreta, lama el cuerpo del amado y sus rosas.

Escribe hasta que la eternidad te pida perdón de rodillas.

 (De ENDENTRO DE MÍ y el poema posible)

 

 

TRASTABILLEO DE RIMBAUD

Y paso por Harlem,
desnudo como un recién nacido en un hospicio,
igual a un cementerio sin sepulcros porque en la muerte nada está morido
Me refunfuña el pie,
le hace señas al sol y lo provoca como provoca el ebrio a la neblina
Y paso  por la casona en donde mora la vieja chismosa de Verlaine,
la jibia de Montale en la estratosfera y el spuknit de Dalton sin el mono,
Voy a saciar el ruido de mi tumba,
muertito por morir como se muere el vendedor de cruces,
como muere, solo y de cebolla, el sepulturero sin soltar una lágrima
y se muere la abuela, el cosmonauta, el trifador de péndulos,
el hueco por donde se ha vaciado mi cabeza

Niño loco, quizás vuelva a encontrarte ajado a contraluz de la distancia.
remontando un cometa para intentar llegar a las estrellas.

Dejo todo tirado  igual a un puñadito de ternura,
porque dejo la piel y el par de alas con el que el ángel me tapó aquel día
para que no me consumiera la tristeza,

para que no me abandonara la Poesía

(De La Canción del Cosmonauta Ebrio)

 

 

RONDA DE AMOR Y ROSAS

a una historia de amor que me florece

Lame sus patas y ella se encabrita,
tira coces,
mordiscos,
en tanto el potro tensa en el sexo toda su hermosura.
Todas las primaveras va perfumando el aire con su cuerpo
Ella orina y la espuma es clamor de la escarcha,
una brasa que gime,
el badajo una estrella que busca una campana,
la música que sueña sus ancas entreabiertas.
Ella se queda quieta y al aventar su cola
una fruta secreta se ofrece ya madura para que la tierra resuene en la comarca.
Él la huele y los belfos desangran una luz de otras edades,
semillas de algodón,
sueños del trigo.
Ella muestra sus ancas, camina con la cabeza hundida en el relámpago,
arranca pasto verde y desflora el secuestro de su cuerpo
Él se envara y sus crines son flecos de la selva.
En su salvaje ternura la monta
y la penetra  con todos los caballos
y todas las praderas.

La yegua abre sus pétalos y es una rosa en fuga hacia la vida.

(De Las Yeguas y las Rosas)

 

 

RECURRENCIA

Cuando no puedo más con mi tristeza y el cielo es un ave de plomo
recurro a un poema de Vallejo.
Cuando se estruja mi corazón y voy como un camello huérfano
recurro a un poema de Vallejo.
Cuando mi pueblo se llena de aguaceros y el compañero Rojas escribe livertad
recurro a un poema de Vallejo.
Cuando mi madre sueña con caballos
recurro a un poema de Vallejo.
Cuando el pan en la mesa es un milagro de harina
recurro a un poema de Vallejo.
Cuando la mujer escribe ni una menos en la piel y en los huesos de Dios
recurro a un poema de Vallejo.
Cuando una flor se agosta y el perro de la noche ahueca sus ladridos
cuando sale la luna cuando llueve o escancia cuando el río se llena de peces
cuando braman los toros cuando hago el amor y se curan mis cicatrices
cuando canto estornudo me pican los mosquitos me duele el occipucio sin remedio

cuando respiro
recurro a un poema de Vallejo.

(De El caleidoscopio del sufriente)

 

 

 

CARONTE PASA CON EL CADÁVER DE MI MADRE

El óbolo bajo la lengua de los muertos no sueña en el avaro,
ni es la llave que abre el corazón de la reina para que Caronte la cruce al Más Allá
por el Aqueronte.

El río es la furia de dios en manos de un mendigo, el Dolor, el Odio, el Fuego y el Olvido.
Los perros guardianes del infierno velan tiempo y espada. Cancerberos, sus cabezas de
fábula mordisquean mis huesos.

Todo es cruel y la noche es una mueca trágica.

Ha muerto mi madre y no le pusimos una moneda debajo de la lengua, pienso cuando se agrieta mi ternura.
¿Podrá llegar al Paraíso? Mis ojos están fijos en su cuerpo.
No aletean mariposas sobre sus párpados y el cielo es un espejo de niebla que me aplasta.
¿Podrá cruzar el límite del tiempo cuando sea sólo polvo su esqueleto?
¿Vendrán caballos a integrar el cortejo?

Disimuladamente
me toco la moneda que he puesto debajo de mi lengua para que
mi madre no cruce el río solita.

(De El caleidoscopio del sufriente)

 

 

RESPONSO POR LA MUERTE DE ROSARIO CASTELLANOS

Estuve en la fila de deudos lacrimosos y las flores de sal de tu mortaja,
entre las cartas de tarot ya sin destinos con el sueño de Arimán
pálido,
solo.
Pude ver tus ojazos casi grises de tantos caracoles y cigarras,
el vendaval del trópico golpeando tu escritura,
el dulzor de tu sangre.
Vi el gato de alabastro sobre el piano que en soledad apenas desbordabas,
los papeles del viento sollozando,
el laberinto de tu calendario con la rosa caída a un  precipicio,
los andenes de marzo en la hojarasca donde el otoño mellaba sus espadas.
Te vi dulce y en ascuas,
destellando la risa de la suerte,
el jardín con las rosas del pasado y el balbuceo de Saint-John Perse en tu lengua.
Caía la lluvia como ha mucho tiempo,
se cansó de caer,
se fue por la fosa que aguardaba a tu cuerpo,
el remezón del pez de un mar sin tiempo y la llama inconclusa del fuego de los días.
Partirás, sin demoras, en el carruaje repleto de flores insoportablemente lilas.
Las huellas del rosario,
que en tus manos parece un alacrán dormido,
solitario,
recordarán las guirnaldas de Comitán,
el musgo que sopla tu hermosura hacia un país ajeno a tanta luz,
inmóvil
como un espejo de piedra incandescente.
Tu cuerpo será de otros paisajes,
lo llorarán los perros que incendian los crepúsculos, lo besará el Eterno mientras raja sus huesos y lo vuelve olvidos de seda  intencionada.
Me reiré del que pasa con sus árboles tristes,
los libros apenas hojeados, el ciempiés que guardabas en un frasco de vidrio.
El corazón de dios atado en tu pañuelo.

Los cascos de la noche retumban en mis dientes,
descascaran mi risa.

Porque el olvido es un ariete que traspasa los días,
es que espero,
apenas esa pátina del sol que aguarda en cada rosa,
los sitios que he caminado como un  fantasma sin tramas ni relojes.

Me he sacado los ojos y un animal sin nombre engulle mi mirada.

 (De Una rosa en la garras de un jaguar)

 

 

XXXVI

Mi cuerpo es una comarca desconocida
un territorio con cuevas y con mares con llanezas
y saltos en los que vivo apasionadamente
quién entra y rumbo a qué quién alma quién quimera quién pregunta quién quién
como un retumbo como el agua que salpica la sombra
el viaje al unomismo con los viejos compañeros de asalto Tuñón Hernández Said
Lizalde Cadenas Jaramillo Orozco Odio Storni Circe Maia Felipe Cuadra
habrán también aquellos que prenden lucecitas Javier Alvarado FredyYezzed
Rodrigo Balam Darío Villalba Camila Charry
la piedra que se eleva como un águila la niña que enamora los espejos
el pianista del bar con la corista que alucina al borracho
entran en mi los burdos los alienados con el pesimismo
también el entomólogo que en el vientre de un gusano de seda se babea
y ella
la Poesía
aparece entre bambalinas
viene como si nada
distraída y genial quejumbrosa y sonriente
me lame el pie los sinsabores las ganas de matar y de arrullarme con la voz de mi madre
y de Mercedes Sosa la viola de Falú y de Reinhart mutilada en su negrura
los pasos de Fred Astaire en el tablado y el zapateo que El Chúcaro repica cada día
y ella
la Poesía
que asoma pero no se anima a mostrarse desnuda
porque me falta fuego y otras cosas que sí tuvieron Gelman y Almafuerte
y Rhoka y Roca y Whitman y Castilla y Lee Masters y Brodsky y Cisneros
y Wislawa Szymborska

pero la aguardo aquí
en la encrucijada en la que me hago el muertito.

(De ORACIÓN POR MI CUERPO y sus ladridos)

 

 

NO DUERMAS FEDERICO

No duermas Federico,
vuelve a la pesadilla de la rosa enfrentando a un caballo,
las guirnaldas de marzo arriando  la tormenta, la esquina de polvo donde Manhattan duerme.
Afila este puñal con tu ternura,
desguásame los días, porque en la calle, un toro sin piedad conmueve tu sepulcro.

No duermas Federico,
no seas la fiera que encendió los leños de Juana y martilló los clavos que me crucificaron.
No eres “aquél marica que se vestía de novia en la oscuridad de un ropero”,
ni la brizna ni el sauce que llora sobre el río,
ni el sapo de alabastro ni la mejilla quieta que soporta la herida.
Eres más que la noche y la muerte que busca despedirte del agua,
del sollozo del hombre que odia su propia suerte,
de la patria anegada por la sed y el engaño y la Babel que intenta llegar a mi costado.

No duermas Federico, ni siquiera lo intentes,
porque no duerme el Ángel de la Guarda,
ni duermen los caballos que Aquiles suelta al viento,
ni duerme la roldana grillando sobre el pozo,
ni duerme la muchacha de trenzas renegridas
porque no duermo yo, que estoy dormido.

(De Espejos equivocados)

Hugo Francisco Rivella Nació en Rosario de la Frontera, Salta, Argentina, en 1948. Tiene una extensa obra poética literaria y musical. Ha dado numerosos recitale ... LEER MÁS DEL AUTOR