Ernesto Cardenal

Y el compromiso de la poesía

 

Por Oscar Hahn

 

Si uno tomara Prosas profanas, de Rubén Darío, y lo comparara con los libros de Ernesto Cardenal, advertiría de inmediato que la poética de este último se sitúa en las antípodas de su compatriota. Y sin embargo, esa poética puede ser percibida con mayor nitidez, si ponemos al autor de Azul… como telón de fondo. Al lenguaje lujoso de Rubén Darío, Cardenal opone la expresión coloquial; al ritmo armonioso, el ritmo prosaico; a los espacios exóticos, el tema americano; a la torre de marfil, la apertura hacia la vida; a la ambigüedad política, el compromiso social. Es como si Cardenal le hubiera dicho a Darío: ¨Maestro, cuénteme qué ha hecho usted, para hacer lo contrario”.

Uno de los poemas más antologados de Rubén Darío es “Marcha triunfal”, que empieza con los conocidos versos “!Ya viene el cortejo! / ¡Ya viene el cortejo¡ Ya se oyen los claros clarines. / !La espada se anuncia con vivo reflejo; / ya viene oro y hierro el cortejo de los paladines!”. Cardenal parodia este poema, despojándolo de su carácter heroico y arrancándolo de su entorno imperial. Los que desfilan ahora son el dictador Anastasio Somoza y sus secuaces:

Ya viene el General

Ya viene el General

montado en su caballo blanco, rodeado

de guardias y guardaespaldas

y diputados y putas picadas

pasa debajo del arco triunfal

de papel

Creo no equivocarme si afirmo que Ernesto Cardenal es uno de los poetas hispanoamericanos que han empleado de manera más eficaz la técnica de la intertextualidad, que consiste en intervenir y actualizar textos preexistentes, para crear un nuevo discurso. El Antiguo y el Nuevo Testamento, las crónicas sobre la conquista de América, códices precolombinos y documentos del siglo XX se entrecruzan en diálogo milenario. Porque, para Cardenal, la función del poeta contemporáneo es análoga a la de los profetas y cronistas antiguos, y “non debe el coronista dejar facer su oficio”.

Víctimas y victimarios, testigos oculares y narradores de distintas épocas y culturas terminan por coexistir en el espacio generado por los poemas. Anastasio Somoza, Fernández de Oviedo, Marilyn Monroe, Fray Bartolomé de las Casas, Thomas Merton o Augusto César Sandino reviven como personajes invocados o como “máscaras” o personae, según el concepto de Ezra Pound.

Un buen ejemplo del trabajo intertextual al que hacíamos referencia es el poema “Apocalipsis”, con el que reescribe el texto bíblico de San Juan. Cardenal actualiza las diversas menciones que hay en el original, mediante el expediente de reemplazarlas por elementos tecnológicos y figuras del siglo XX. La diferencia es que en este nuevo “Apocalipsis” la destrucción del mundo tiene una causa precisa: la guerra nuclear.

Los versículos en los que el ángel, después de hacer sonar su trompeta, insta a San Juan a que escriba su revelación en un libro visionario, son presentados por Cardenal de la siguiente manera:

Y he aquí

que vi un ángel

(todas sus células eran electrónicas)

y oí una voz supersónica

que me dijo: Abre tu máquina de escribir y escribe

y vi como un proyectil plateado que volaba

y de Europa a América llegó en 20 minutos

y el nombre del proyectil era Bomba H.

Los príncipes y otros poderosos nombrados por San Juan aparecen en el poema de Cardenal como el Presidente del Consejo Nacional de Radiación, el Director de la Comisión de Energía Atómica y el Secretario de Defensa. Dice Cardenal que, como efecto del lanzamiento de la Bomba “se quemaron todas las retinas que vieron la luz de la explosión / en un área de 300 millas / y el calor del centro era semejante al del sol / y el acero, el hierro, el vidrio, el concreto se evaporaron / y cayeron convertidos en lluvia radiactiva”. Sin embargo, y a pesar del exterminio planetario, el texto de Cardenal termina con un final optimista y esperanzador. Después del holocausto nace una nueva especie, que no está formada por individuos, sino que constituye un solo organismo, cuyas células son seres humanos unidos por el amor.

Igualmente encomiables son las intervenciones que realiza en los Salmos del Antiguo Testamento, transformándolos en poesía contestataria. Dice Cardenal: “Escucha mis palabras oh Señor / Oye mis gemidos / Escucha mi protesta / Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores / ni partidario de su política / ni te influencia la propaganda / ni estás en sociedad con el gángster”. Y líneas más adelante: “A la hora de la Sirena de Alarma / tú estarás conmigo / tú serás mi refugio el día de la Bomba”.

Uno de los libros más populares de Ernesto Cardenal es Epigramas. En este caso, el presente también es configurado por la tradición, y sus modelos son los poetas latinos Catulo, Marcial y Propercio. Sobre esa base genérica escribe una serie de poemas de amor, breves y sarcásticos, que ya han alcanzado la categoría de clásicos. Por ejemplo este epigrama:

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:

yo porque tú eras lo que yo más amaba

y tú porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:

porque yo podré amar a otras como te amaba a ti

pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Se trata de un texto construido con elementos mínimos, pero de gran eficacia: solamente un par de verbos semánticos y algunos pronombres. Es como si el poeta quisiera decirnos que toda la experiencia amorosa se mueve entre dos polos únicos: amar y perder; yo y tú. Pero Cardenal no olvida nunca, porque es parte de su poética, que el amor no es un problema metafísico, sino que siempre ocurre dentro de un determinado contexto. En su experiencia personal, ese contexto es la dictadura de Somoza:

Yo he repartido papeletas clandestinas

gritado: ¡VIVA LA LIBERTAD! en plena calle

desafiando a los guardias armados.

Yo participé en la rebelión de abril:

pero palidezco cuando paso por tu casa

y tu sola mirada me hace temblar.

En este punto cabría preguntarse, ¿cómo es que este poeta, que se enamoró de muchachas muy reales: Claudia, Myriam, Iliana, decide abandonar el amor romántico y reorientar su sentimiento? En una entrevista de 2004 sostiene que, desgraciadamente, el amor y la belleza terrenal son efímeros. Y añade: “Dios se me reveló como Belleza, la Belleza infinita, y sencillamente me enamoré de Dios. Eso es igual –dice– que enamorarse de un ser humano: el objeto es distinto, pero la experiencia del amor es la misma”. A esa experiencia inédita dedicará Cardenal el resto de sus días, después de ser ordenado sacerdote. Es así como en 1965 funda en el archipiélago de Solentiname una comunidad cristiana de poetas, artistas y artesanos de toda índole, destinada no sólo a la creación artística, sino también a un modo de vida sustentado en las enseñanzas del Evangelio, pero que no excluye la lucha activa por los derechos de los marginados.

Cardenal no es un religioso puramente contemplativo, sino “un místico comprometido”, como lo llamó José Miguel Oviedo. Era natural entonces que se integrara al movimiento llamado Teología de la Liberación, que defiende “la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral”. En 1979 aceptó el cargo de Ministro de Cultura del gobierno sandinista. Esta decisión le costó una reprimenda pública del mismísimo Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua.

Octavio Paz, un poeta de convicciones estéticas y políticas muy distintas a las de Ernesto Cardenal, escribió palabras que, sin embargo, el nicaragüense podría suscribir. Dice en El arco y la lira: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo; la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior”. Cardenal agregaría, creo yo, que esa libertad interna del sujeto debe proyectarse en la realidad exterior, que es el campo en el cual se manifiestan los conflictos sociales.

Surge así la poética bautizada por él con el nombre de “exteriorismo”. Según Cardenal, “la poesía exteriorista expresa las ideas o los sentimientos con imágenes reales del mundo exterior”, incluyendo “todos los elementos que antes se consideraban privativos de la prosa”. Y predica con el ejemplo, porque en su poesía no sólo el ritmo de los versos es cercano a la prosa, sino también la narratividad, las descripciones y los parlamentos intercalados. Esto se observa sobre todo en los poemas dedicados a la historia de nuestra América, como “Economía de Tahuantinsuyu”, “Pedrarias Dávila”, “Las Casas ante el Rey” o “La gesta de Sandino”. En ellos, el pasado se convierte en presente y los hechos desfilan ante nosotros como si fuéramos testigos oculares o los estuviéramos mirando en un film.

Ernesto Cardenal ha escrito libros que ya forman parte de la historia de la poesía hispanoamericana: Hora Cero, Epigramas, Salmos, Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, El estrecho dudoso y Homenaje a los indios americanos. Pero Cardenal ha seguido explorando nuevos temas y nuevas posibilidades para la palabra poética. En 1992 nos sorprendió con el extenso poema Cántico cósmico, dividido en cantigas, a la manera medieval, y en el que introduce conceptos científicos, tecnológicos y matemáticos modernos, para darnos una visión totalizadora del origen, estructura y destino del universo. Al año siguiente aparece El telescopio en la noche oscura, un poema de amor a Dios que plantea una concepción muy singular de la sexualidad y que se ofrece como una relectura de San Juan de la Cruz.

Paulatinamente se ha ido dibujando un tipo de poeta que combina las enseñanzas del cristianismo y del marxismo y que es movido por una doble fe: en la Revolución terrenal y en la Vida Eterna. “Se puede ser marxista sin ser ateo”, dice Cardenal. En su pensamiento, la Vida Eterna es anticipada también en la existencia diaria, por la presencia de Dios en las cosas del mundo, en una especie de neopanteísmo que incorpora en su ámbito incluso a los productos de la tecnología y de la sociedad de consumo. La comunidad sin clases y sin propiedad privada es vislumbrada por Ernesto Cardenal, no como un paraíso perdido, sino como un edén todavía ausente, pero alcanzable primero en la tierra.

 

-Oscar Hahn y Ernesto Cardenal.

 

Hahn Cardenal 2 8-09

Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925). Sacerdote y poeta, con estudios de literatura norteamericana en la Universidad de Columbia, Nueva York. En 1957 ingresó ... LEER MÁS DEL AUTOR