Charles Simic

El señor de las máscaras

 

(Traducción al español de Nieves García Prados)

 

 

 

EL INVISIBLE

 

Hoy leíste algo sobre un niño

encerrado durante años en un armario

por sus perturbados padres

en una calle por la que paseabas a menudo.

 

Ocupado en tus propios asuntos,

viste poco, nada oíste

de lo que se decía alrededor,

mientras te dirigías a casa

 

y pasabas por delante de adorables jóvenes parejas

llevando flores y comida,

empujando carritos de bebé,

deteniéndose para regañar a un perro.

 

 

 

 

 

EL SEÑOR DE LAS MÁSCARAS

 

Seguro que anda entre nosotros sin ser reconocido:

algún barbero, empleado de tienda, repartidor,

farmacéutico, peluquero, culturista,

bailarín exótico, joyero, paseador de perros,

el mendigo ciego cantando, Oh, Señor, acuérdate de mí,

 

un decorador de escaparates enciende un falso fuego

en una chimenea falsa mientras la madre y el padre observan

desde el sofá con sus sonrisas congeladas

mientras la calle se queda vacía y llega la hora

de que el enterrador y el último camarero se vayan a casa.

 

Oh, viejo vagabundo, de pie en un portal

con tu cara medio cubierta,

yo no ignoraría el gato negro que cruza la calle,

ni a la bombilla moviéndose en un cable

en el túnel del metro cuando el tren se detiene.

 

 

 

 

 

ESCENAS DE LOS VIEJOS TIEMPOS

 

La colada se tendía en la escalera de incendios.

Los muchachos tiraban gatos desde los tejados.

Los veteranos de guerra andaban en muletas,

lanzando centavos y fumando porros.

Escritores destinados a no dejar de ser desconocidos

escribían hasta altas horas de la noche

usando un lápiz y el tipo de cuaderno

que sus hijos llevaban a la escuela por la mañana.

 

Afuera de un club que anunciaba bailarinas exóticas,

un hombre con un traje blanco arrugado

fue encontrado con un cuchillo en el corazón,

y una ceja oscura que levantó al sorprenderse.

 

En invierno, la lluvia caía como si fuera a durar para siempre.

Manteníamos el horno de gas encendido para calentarnos,

mientras que nuestra madre lloraba

y lloraba cortando cebollas

y mi único pez de colores nadaba en un frasco de pepinillos.

 

 

 

 

 

LO ESCURRIDIZO

 

¿Estaba en el olor del pan recién horneado

que apareció para recibirme en la calle?

¿En el rostro de una chica cargando con un vestido blanco

desde la tintorería con los ojos entornados?

 

¿En la imagen de un edificio ennegrecido por el fuego

donde una vez fui a buscar trabajo?

¿En el anciano desdentado que reparte folletos

para una tienda de ropa que va a la quiebra?

 

¿O estaba en la mujer que empuja un carrito de bebé

a punto de doblar la esquina? Corrí tras ella,

como si conociera al pequeño que descansaba en él,

y me encontré solo en una calle abarrotada

 

que no reconocía, sintiéndome como alguien

que acaba de superar por primera vez una larga enfermedad,

y que ve con el corazón el mundo,

y luego se apresura a casa para olvidar cómo se sintió.

 

 

 

 

 

-Charles Simic
El señor de las máscaras
Traducción al español de Nieves García Prados
Valparaíso ediciones, 2018

http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/401-147-el-senor-de-las-mascaras.html

 

147-el-senor-de-las-mascaras

Charles Simic (Belgrado, 1938) es una de las voces más influyentes de la poesía actual. Tras más de cuarenta años de cuidadosa creación poética ha a ... LEER MÁS DEL AUTOR