Carolyn Forché

El país entre nosotros

 

(Versión al español de Andrea Rivas)

 

 

SAN ONOFRE, CALIFORNIA

Hemos avanzado mucho hacia el sur.
Más allá, la mujer más vieja
borda limas en chales negros.
Portillo raya su nombre
en las paredes, los delgados listones
de orín, niños que acarician el lodo.
Si seguimos, podríamos parar en la calle
en este mismo lugar
donde alguien desapareció
y podríamos escuchar las palabras
¡Ven con nosotros! Si eso sucediera, conduciríamos
nuestras vidas con las manos atadas.
Es por eso que sentimos
que es suficiente escuchar al viento
meciendo limones,
a los perros andando en las terrazas,
sabiendo que mientras las aves y el tiempo
caliente se mueven siempre hacia el norte,
los lamentos de aquellos que desaparecen
tardarían años en llegar aquí.

1977

 

 

LA MEMORIA DE ELENA

Pasamos nuestra mañana
en los establos de flores
contando las oscuras lenguas de campanas
que cuelgan de las cuerdas esperando
por el silencio de una hora.
Encontramos una mesa, ordenamos paella ,
sopa fría y vino, donde una luz calma
tiembla años detrás de nosotros.

En Buenos Aires sólo tres
años atrás, por última vez la mano de él
se deslizó bajo el vestido de ella, con perlas
refrescando su garganta y campanas
como éstas, repicando a la noche –

Mientras ella habla, el hueco
galope de un caballo, el sonido
de huesos que se tocan.
La paella llega, una cama de arroz
y camarones, dedos y almejas,
los labios de aquellos cuyos labios
han sido removidos, mejillones
del suave azul del hueso de la cadera.
Esto no es paella, esto es
en lo que se han convertido aquellos que permanecen
en Buenos Aires. Este es el anillo
que reporta un rifle en las piedras,
la mano de ella sobre su boca,
su marido cayéndole encima.

Estas son las flores que compramos
esta mañana, las dalias
que arrojamos a su tumba
y campanas esperando con las lenguas cortadas
por este silencio particular.

1977   

 

 

PORQUE UNO SIEMPRE ES OLVIDADO

In Memoriam, José Rudolfo Viera
1939-1981: El Salvador

Cuando Viera fue enterrado supimos que estaba llegando el fin,
su ataúd se balanceaba hacia el suelo como un bote o una cuna.

Podría tomar mi corazón, dijo, y dárselo a un campesino
y él podría cortarlo en pedazos y darlo de vuelta:

no puedes comer corazón en estas cuatro oscuras
habitaciones donde un hombre puede ser retenido por años.

Un joven soldado al rayo del sol usa su cuchillo
para pelar el rostro de un hombre muerto

y lo cuelga de la rama de un árbol
que florece con semejantes rostros.

El corazón es la parte más dura del cuerpo.
La ternura está en las manos.

 

 

PARTIDA

Lo llevamos con nosotros, el llanto de un tren
rebanando el campo
dejando su tiesa unión, una distante
ternura como cuando los rieles se deslizan
tras de nosotros y nuestras ventanas
tocan el campo, donde parece
que los muertos despiertan y llegan
a los otros. Tu mano
acuna la luz de un cerillo
hacia tu boca, hacia la mía, y quiero
preguntar si los muertos sostienen
sus bocas entre sus manos de este modo
para saber qué queda de ellos.
Entre nosotros, un pañuelo de humo,
un paquete de pertenencias, equipaje
que parecerá flotar a nuestro lado,
la moneda cambiará
y cambiará de nuevo. Aquí está el nombre
de un amigo que te llevará dentro,
los papeles de un hombre que desapareció,
aquél en que te convertirás cuando
el hombre que has sido desaparezca.
Yo soy la mujer cuya fotografía
no reconocerás, cuyo rostro
vaciaba tus ojos, cuyos ojos
eran breves como la más pequeña
de las ciudades por las que escapamos.

 

 

POEMA PARA MAYA

Sumergiendo nuestro pan en latas de aceite
hablamos de la mañana pelando,
abriendo nuestras habitaciones a un momento
de almendras, viento y aceitunas
cuando aún no sabíamos lo que éramos.
Los días en Mallorca eran semejantes:
huellas en los caminos de cabras
desde las camas que habíamos dejado,
por la noche las estrellas se encerraban en la oscuridad.
En ese entonces estábamos aprendiendo
a bailar, tomar nuestra ropa
con los dedos y abrirnos
para sus manos.
La veranera estaba con nosotras.
Por un mes los almendros florecieron,
sus secreciones las delicadas sedas
que quitábamos cuando, roce tras roce,
nos llevaba más cerca de la ventana
donde susurrábamos sí, ahí en los intricados
balcones de aliento, con vista
al resto de nuestras vidas.

 

 

-Carolyn Forché
El país entre nosotros
Versión al español de Andrea Rivas
Valparaíso ediciones, 2016

http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/218-74-el-pais-entre-nosotros.html

 

portada carolyn forché

Carolyn Forché (Detroit, Estados Unidos, 1950). Es autora de cuatro libros de poesía: Gathering the Tribes (1967), ... LEER MÁS DEL AUTOR