Pedro Arturo Estrada

Del tigre y tu memoria

 

 

 

 

EDAD DE HOMBRE

 

Atrás

la mirada que indaga en el vacío

 

El sueño mal soñado de la juventud

fondos difusos

pálidos vestigios de los días

 

El rostro deslustrado por el tiempo

y el corazón, la carne, el hueso

que tal vez fueron soporte

del prodigio

 

Pero nada que conste

Nada que te salve de esos años perdidos

Nada que te quede de todo cuanto fuiste

o creíste ser en este mundo

 

Ahora miras aterrado

la línea de sombra que te cruza

como el reflejo oscuro de la guillotina

 

Despiertas en el estupor

y nada sabes

 

—Casi nada comprendes.

 

 

 

 

DEL TIGRE Y TU MEMORIA

 

Al primer fogonazo de la fiebre

el tigre te saltaba del fondo de los párpados

 

La asfixia de sus zarpas en la noche sin ángel

—sin miradas

 

Era la sombra que acechaba tras el día turquesa

El rostro atravesado de gestos oblicuos

 

La risa tarántula de las visitas

 

Nadie salvaba tus ojos reventados

detrás de las endijas del postigo

cuando pasaba lento

el cortejo del mundo ya sin máscaras

 

Sin embargo es ahora

Para siempre es ahora cuando no acude nadie

 

y el tigre del vacío

—es tan real.

 

 

 

 

LOS OTROS NOSOTROS

 

Aquellos que también fuimos

Aquellos que quizá aún somos

desconocidamente otros

siendo sin embargo, nosotros

 

Parte del juego

de ser y no saber dónde empezamos

dónde ciertamente terminamos

 

qué de verdad nos pertenece

qué de verdad hemos perdido

 

Parte del juego

de haber venido por azar

equivocadamente, sin rol

 

Extraviados en medio de una fiesta

donde no nos conocen

—ni conocemos a nadie.

 

 

 

 

ARTAUD

 

La locura tomó forma de flor decorativa

y los poetas recaemos

en los más antiguos y nauseabundos vicios

 

Una vez más estás solo

encerrado en tu celda de hechizos

mientras siquiatras y buenas personas

 

gente normal se juega

—tu túnica de alucinaciones.

 

 

 

 

BACH

 

Esa noche

alguien abrió una puerta desconocida

y la casa fue pasto de la araña

que por primera vez aparecía

en nuestra corta existencia

 

Su caliente terror en los poros

su red meticulosa

áspera

métálica

cayó sobre nosotros

 

—La llamamos J.S. Bach.

 

 

 

  

TRENO POR LOS MUCHACHOS MUERTOS

Para Javier Ángel y Diego Alexander Estrada, en memoria

 

Su silencio es herida mortal, oscuro labio

que condena la luz de una ciudad que, como pájaros

los vió pasar y caer sobre sus calles

una noche, una tarde, una mañana cualquiera

 

Dónde están hoy sus rostros de estrella medular,

sus ojos de inquietud, su fuego, su deseo insaciable?

Sus gritos, ¿a qué fondo, a qué altura,

a qué extrema frontera se lanzaron?

 

La noche los acogió bajo su ala de cuervo

y entre estallidos cósmicos sus voces

melodías eléctricas modulan con la mecánica estelar

 

Pero sólo el asfalto aquí abajo

—piedra de sacrificio

sólo el perfil danzante de la nube

en lo alto de la casa, ese rincón donde alguien

que los amó los recuerda

 

Sólo el libro, la flor que nuevamente se abre

en el pequeño jardín, la música y las fotografías

en el álbum guardadas, son vestigios

de su paso apurado por la tierra

ángeles adolescentes súbitamente desaparecidos

 

En otras bocas, otros ojos, volverá a moldearse

acaso su milagro, pero quién nos dirá

qué verdad, qué grandeza, qué mundo irrepetible

se ha perdido

se ha ofrendado

—al abismo.

 

 

 

 

SE LLAMA POESÍA

Homenaje a Aldo Pellegrini

 

Se llama poesía todo aquello que cierra

la puerta a los imbéciles, sí. Todo aquello que abre

en cambio, la visión y el secreto del mundo a los inocentes

a aquellos que lo apuestan todo a nada

los que no guardan, no se cuidan, no acechan

no calculan y sin embargo están siempre a punto

de encontrar como por casualidad

incluso el amor, la muerte, la vida misma

 

Se llama poesía todo aquello que tira los pies

tras lo imposible, lo que revela el otro lado de las cosas

lo que canta al final del desastre sin motivo alguno

lo que te avienta inclemente fuera de tu ser

o invade en silencio —marea extraña

el interior hasta ahogarte los ojos

 

Se llama poesía todo aquello que estalla

de golpe en la palabra sin aviso y sin lógica

lo que no puede explicarse propiamente a los listos

a los que siempre tienen la razón

 

Se llama poesía todo aquello que vuelve luego del exilio

la derrota, los miedos. La luz que un día retorna

a los cuartos cerrados de la vieja memoria

la antigua, recuperada simplicidad de los días

 

el viento que reaviva una llama en la noche

lo que nos sobrevive

lo que siempre nos queda más acá de la herida

la pérdida más honda

como una última, callada

 

—oculta fortaleza.

 

 

 

 

MIENTRAS CIORAN ENMUDECE

 

En las cimas de la desesperación

también el silencio

la ebriedad del silencio

 

En las cimas de la lucidez

también la alegría

de no ser nada

 

En las cimas de la soledad

también la risa

la máscara de la risa

 

En las cimas del vacío

la rotundidad de un cuerpo

el deseo

 

En las cimas del deseo

también la rotundidad

—de su vacío

 

 

 

 

ANTIORACIÓN

 

Que la vida me agarre confesado

boca arriba del miedo

aleteando en el azul

 

Una sola canción

una palabra sola

—dioses desconocidos

cantaré para vosotros

 

No  pido ningún cielo

no ignoro vuestro infierno

 

Sólo este instante es mío

no lo carguéis de eternidad

 

Dejadme ir cuando quiera

no me atéis

no pidáis mi fidelidad

 

—Mi fe última

 

Esa apenas me alcanza

—para el día.

 

 

 

 

QUIÉN JUNTÓ LA CENIZA

 

Quién aguardó hasta el alba

deshora por deshora atizando

la hoguera del insomnio

 

—Y veló sin saberlo su propio cadáver

 

Quién musitó la torva jaculatoria del condenado

antes de desaparecer borrado por la luz junto a los vivos

 

Quién juntó la ceniza del que ahora regresa

—y camina de nuevo por las calles.

Pedro Arturo Estrada (Girardota, Colombia, 1956). Poeta, narrador y ensayista, promotor cultural, coordinador de talleres literarios con niños, jóvenes y adult ... LEER MÁS DEL AUTOR