Del tigre y tu memoria
EDAD DE HOMBRE
Atrás
la mirada que indaga en el vacío
El sueño mal soñado de la juventud
fondos difusos
pálidos vestigios de los días
El rostro deslustrado por el tiempo
y el corazón, la carne, el hueso
que tal vez fueron soporte
del prodigio
Pero nada que conste
Nada que te salve de esos años perdidos
Nada que te quede de todo cuanto fuiste
o creíste ser en este mundo
Ahora miras aterrado
la línea de sombra que te cruza
como el reflejo oscuro de la guillotina
Despiertas en el estupor
y nada sabes
—Casi nada comprendes.
DEL TIGRE Y TU MEMORIA
Al primer fogonazo de la fiebre
el tigre te saltaba del fondo de los párpados
La asfixia de sus zarpas en la noche sin ángel
—sin miradas
Era la sombra que acechaba tras el día turquesa
El rostro atravesado de gestos oblicuos
La risa tarántula de las visitas
Nadie salvaba tus ojos reventados
detrás de las endijas del postigo
cuando pasaba lento
el cortejo del mundo ya sin máscaras
Sin embargo es ahora
Para siempre es ahora cuando no acude nadie
y el tigre del vacío
—es tan real.
LOS OTROS NOSOTROS
Aquellos que también fuimos
Aquellos que quizá aún somos
desconocidamente otros
siendo sin embargo, nosotros
Parte del juego
de ser y no saber dónde empezamos
dónde ciertamente terminamos
qué de verdad nos pertenece
qué de verdad hemos perdido
Parte del juego
de haber venido por azar
equivocadamente, sin rol
Extraviados en medio de una fiesta
donde no nos conocen
—ni conocemos a nadie.
ARTAUD
La locura tomó forma de flor decorativa
y los poetas recaemos
en los más antiguos y nauseabundos vicios
Una vez más estás solo
encerrado en tu celda de hechizos
mientras siquiatras y buenas personas
gente normal se juega
—tu túnica de alucinaciones.
BACH
Esa noche
alguien abrió una puerta desconocida
y la casa fue pasto de la araña
que por primera vez aparecía
en nuestra corta existencia
Su caliente terror en los poros
su red meticulosa
áspera
métálica
cayó sobre nosotros
—La llamamos J.S. Bach.
TRENO POR LOS MUCHACHOS MUERTOS
Para Javier Ángel y Diego Alexander Estrada, en memoria
Su silencio es herida mortal, oscuro labio
que condena la luz de una ciudad que, como pájaros
los vió pasar y caer sobre sus calles
una noche, una tarde, una mañana cualquiera
Dónde están hoy sus rostros de estrella medular,
sus ojos de inquietud, su fuego, su deseo insaciable?
Sus gritos, ¿a qué fondo, a qué altura,
a qué extrema frontera se lanzaron?
La noche los acogió bajo su ala de cuervo
y entre estallidos cósmicos sus voces
melodías eléctricas modulan con la mecánica estelar
Pero sólo el asfalto aquí abajo
—piedra de sacrificio
sólo el perfil danzante de la nube
en lo alto de la casa, ese rincón donde alguien
que los amó los recuerda
Sólo el libro, la flor que nuevamente se abre
en el pequeño jardín, la música y las fotografías
en el álbum guardadas, son vestigios
de su paso apurado por la tierra
ángeles adolescentes súbitamente desaparecidos
En otras bocas, otros ojos, volverá a moldearse
acaso su milagro, pero quién nos dirá
qué verdad, qué grandeza, qué mundo irrepetible
se ha perdido
se ha ofrendado
—al abismo.
SE LLAMA POESÍA
Homenaje a Aldo Pellegrini
Se llama poesía todo aquello que cierra
la puerta a los imbéciles, sí. Todo aquello que abre
en cambio, la visión y el secreto del mundo a los inocentes
a aquellos que lo apuestan todo a nada
los que no guardan, no se cuidan, no acechan
no calculan y sin embargo están siempre a punto
de encontrar como por casualidad
incluso el amor, la muerte, la vida misma
Se llama poesía todo aquello que tira los pies
tras lo imposible, lo que revela el otro lado de las cosas
lo que canta al final del desastre sin motivo alguno
lo que te avienta inclemente fuera de tu ser
o invade en silencio —marea extraña
el interior hasta ahogarte los ojos
Se llama poesía todo aquello que estalla
de golpe en la palabra sin aviso y sin lógica
lo que no puede explicarse propiamente a los listos
a los que siempre tienen la razón
Se llama poesía todo aquello que vuelve luego del exilio
la derrota, los miedos. La luz que un día retorna
a los cuartos cerrados de la vieja memoria
la antigua, recuperada simplicidad de los días
el viento que reaviva una llama en la noche
lo que nos sobrevive
lo que siempre nos queda más acá de la herida
la pérdida más honda
como una última, callada
—oculta fortaleza.
MIENTRAS CIORAN ENMUDECE
En las cimas de la desesperación
también el silencio
la ebriedad del silencio
En las cimas de la lucidez
también la alegría
de no ser nada
En las cimas de la soledad
también la risa
la máscara de la risa
En las cimas del vacío
la rotundidad de un cuerpo
el deseo
En las cimas del deseo
también la rotundidad
—de su vacío
ANTIORACIÓN
Que la vida me agarre confesado
boca arriba del miedo
aleteando en el azul
Una sola canción
una palabra sola
—dioses desconocidos
cantaré para vosotros
No pido ningún cielo
no ignoro vuestro infierno
Sólo este instante es mío
no lo carguéis de eternidad
Dejadme ir cuando quiera
no me atéis
no pidáis mi fidelidad
—Mi fe última
Esa apenas me alcanza
—para el día.
QUIÉN JUNTÓ LA CENIZA
Quién aguardó hasta el alba
deshora por deshora atizando
la hoguera del insomnio
—Y veló sin saberlo su propio cadáver
Quién musitó la torva jaculatoria del condenado
antes de desaparecer borrado por la luz junto a los vivos
Quién juntó la ceniza del que ahora regresa
—y camina de nuevo por las calles.