Lina de Feria

Retorno y otros textos

 

 

 

Tránsito de la estrella

pero el correr es amplio
a la avenida de la extraña cuestión.
se abre el silencio de los potros
y en la enguantada estrella que transita
se desgaja la luz del aire mortecino.
¿a quién dibujarás en la segunda lucha?
tienen maneras que sí son las nuestras
y acaparas las noches abortadas
ven a mi asiento colonial
para encender las noches más oscuras
compartiendo el pan con los hermanos.
la vela irá royendo lo negro en las paredes
y la ventanilla se saldrá por las ventanas.
del ajedrez caerán sus piezas por la vida
y el muchachito peleará por su cabello lacio.
hondo es el tedio
si no llega el mar a salvarnos.

 

 

Rasa Tabula

en la rosa oriflama
siglo
se detiene el poeta:
inhibe
el árbol no es de cristal
propongo
si su reflejo constituye la vida.

dosel
amaremos la noche
bicicleta.
cuando pasen los derruidos trenes
hacia su cadalso.

 

 

El malecón

¡Oh la pupila insomne
y el párpado cerrado
ya dormiré mañana
con el párpado abierto!
Rubén Martínez Villena

En la fachada
el estiércol del hueso rueda sobre la acera
como montoncito final de la calle.
Flamea el carnaval de Portocarrero
mientras que no hay manera
de recordar un ápice de sus ojos
o de su pintura del carnaval.
Extraña conciliación del tiempo
para dejarme exhausta
en las nuevas fiestas de hoy día.
¿Será que se repite la consecuencia múltiple
de los ciclos?
En este 8 de agosto de 2013
creo que va a consumirse mi vida
por las farolas rotas
el jardín agotado
y el gato a solas.
Recibiré el lema de la vieja palabra
con bordes de mataduras y agonías
donde silenciosamente desapareceré.

 

 

El prodigioso baño

Narciso ha copiado su rostro
mientras otea la noche un apuro
de chimeneas rotas.
La ausencia de reloj permite
inhalar el olor a pescado de los mares.
En la tabula rasa
el baldío camino hacia el descenso
Narciso impone su ínfero a la vida
y cae de espaldas
en el prodigioso baño de la tarde.

 

 

Desde los pastizales

Pero no recogeré las mieses verdes mientras
en el camino, los maizales eran
una terrible demencia sobre la que llegaba la hora.
En la hora, los mosaicos mozárabes
te hacían una réplica de aquella
reconquista, impresa en la tierra de Secano
y vuelta a escarbar el nombre
de los mezclados del mundo.
Cuánta mirada mora por la gavetilla de la tarde,
y los ríos, escondiendo su cauce,
ponían al descubierto el barrio de Triana,
por donde Sevilla regalaba su luz.
La peregrina vuelve, y entre los salones
un nubarrón de la tarde
busca a los mancos mentales.
Pero la luz es una. Pastizales se recuestan
por el vaquerío, y una frondosa
cúpula se abre ante mis ojos.
La virgen aparece dentro del recinto
de piedra. Allí la Giralda que
me da el sentido de la altura
junto al Guadalquivir
donde todo es tan cercano a la belleza.
El parque su vestidura de plazas
emblemas. Hay una callecita que
conduce a los trenes que aun transitan
por el comercio.
El soliloquio es otro
y en el tablao el poema se expande.

 

 

Búsqueda

La sombra se carga como un madero
pero nos sirve para el soliloquio.
En la perfección de la naturaleza hay un índice de suicidios
que enervan las capas terrestres hasta hacerlas polvo.
Las avestruces parecen no esconder más nunca sus cabezas
asombradas del cambio del planeta.
Los ríos fluyen bordando el saco enorme que nos cubre
y la desesperación de los aires calientes o nevados
rizan los bordes del espíritu
que contrariado en su remanso infinito
hala sogas contra el cielo.
La sombra se carga con un madero
pero a veces queremos decapitar toda tristeza
desde el fondo mismo de los destinos insolubles
donde camino y agua nos alimentan.
Somos pequeñísimos al lado de los acantilados del dolor
pero el hombre se repone y echa andar
por sobre las piedras más quebradas
y se salva todo en la historia humana
tenemos mucho más de lo que no tenemos
y la sonrisa en nuestro rostro
aleja la muerte de la Galaxia
de los trasfondos de la sombra.

 

  

En el fondo del río

En el fondo del río
mezcla la turbina los peces enrojecidos
y el agua deja de ser transparente
como esos cuerpos tallados en madera negra.
Me desespera el sonido del abejorro
que quiere demoler las frutillas del patio
y dispongo mis ojos hacia el nacimiento del sol
donde percuten nubes con formas de iluminación.
No se puede esperar nada
de un cuerpo lleno de mutilaciones en la sangre propia
pero aun así espero con su ojo enigmático
que olvidó la piedad y el amparo
y puede regresar un día a gravitar su espíritu
con la mirada honda y única. 

 

 

Retorno

El vellocino viejo reclama la atención del niño
y la historia comienza por animales gigantescos
dromedarios del sueño
atravesando desiertos cancelados ya.
En el libro todo parece cuento superlativo
pero alguna vez los hombres lanzaron sus halcones
al aire de la ira de otros ojos
y cegaron la belleza de los rostros sucios.
Ahora en el Orinoco
las agudas cerbatanas detienen los cuerpos huyentes
y hay vidas aún salvajes
culminando el camino de la existencia y el porvenir.
La noche se hace paralela con el día
y el hombre recibe meteoritos del espacio
sin la aniquilación de la esperanza vital.
No todo es la ciudad
ni cruzar calles transitables
porque todavía en el Nilo
se miran la trascendencia de las pirámides
y el hombre es tan infinitesimal
que acude al amparo del cuello de la madre.

 

 

Hacia ti

Un ciprés es a veces el violín mejor tocado por el artista
levantando su rostro del desmayo
y es perfecta la silueta contraluz
bajo el ciprés estuve condonando una pena
grave
taciturna
y en el manteo del cielo sobre las estrellas
vi rodar astros difusos
la extraña dosis melancólica de mi intrepidez
porque todavía siento que puedo ser audaz con mis manos
cuando sobrecogidas entre las tuyas
creo un segundo sol en los planetas.

Lina de Feria Nació en Santiago de Cuba en 1945. Figura en numerosas antologías de Cuba y el mundo. En 2008 obtuvo el Premio Nicolás Guillén, convocad ... LEER MÁS DEL AUTOR