José Coronel Urtecho

Hipótesis de tu cuerpo

 

 

 

 

ODA A RUBÉN DARÍO

“¿Ella? No la anuncian. No llega aún.”
Rubén Darío. Heraldos

 

I

(Acompañamiento de papel de lija)

Burlé tu león de cemento al cabo.
Tú sabes que mi llanto fue de lágrimas,
i no de perlas. Te amo.
Soy el asesino de tus retratos.
Por vez primera comimos naranjas.
Il n’y a pas de chocolat —dijo tu ángel de la guarda.

Ahora podías perfectamente
mostrarme tu vida por la ventana
como unos cuadros que nadie ha pintado.
Tu vestido de emperador, que cuelga
de la pared, bordado de palabras,
cuánto más pequeño que ese pijama
con que duermes ahora,
que eres tan sólo un alma.

Yo te besé las manos.
“Stella —tú hablabas contigo mismo—
llegó por fin después de la parada”,
i no recuerdo qué dijiste luego.
Sé que reímos de ello.

(Por fin te dije: “Maestro, quisiera
ver el fauno”.
Mas tú: “Vete a un convento”).

Hablamos de Zorrilla. Tu dijiste:
“Mi padre” i hablamos de los amigos.
“Et le reste est literature” de nuevo
tu ángel impertinente.
Tú te exaltaste mucho.
“Literatura todo —el resto es esto”.
Entonces comprendimos la tragedia.
Es como el agua cuando
inunda un campo, un pueblo
sin alboroto i se entra
por las puertas i llena los salones
de los palacios —en busca de un cauce,
del mar, nadie sabe.

Tú que dijiste tantas veces “Ecce
Homo” frente al espejo
i no sabías cuál de los dos era
el verdadero, si acaso era alguno.
(¿Te entraban deseos de hacer pedazos
el cristal?) Nada de esto
(mármol bajo el azul) en tus jardines
—donde antes de morir rezaste al cabo—
donde yo me paseo con mi novia
i soy irrespetuoso con los cisnes.

 

II

(Acompañamiento de tambores)

He tenido una reyerta
con el Ladrón de tus Corbatas
(yo mismo cuando iba a la escuela),
el cual me ha roto tus ritmos
a puñetazos en las orejas…

Libertador, te llamaría,
si esto no fuera una insolencia
contra tus manos provenzales
(i el Cancionero de Baena)
en el “Clavicordio de la Abuela”
—tus manos, que beso de nuevo,
Maestro.

En nuestra casa nos reuníamos
para verte partir en globo
i tú partías en una galera
—después descubrimos que la luna
era una bicicleta—
y regresabas a la gran fiesta
de la apertura de tu maleta.
La Abuela se enfurecía
de tus sinfonías parisienses,
i los chicuelos nos comíamos
tus peras de cera.

(Oh tus sabrosas frutas de cera)

Tú comprendes.
Tú que estuviste en el Louvre,
entre los mármoles de Grecia,
y ejecutaste una marcha
a la Victoria de Samotracia,
tú comprendes por qué te hablo
como una máquina fotográfica
en la plaza de la Independencia
de las Cosmópolis de América,
donde enseñaste a criar Centauros
a los ganaderos de las Pampas.

Porque, buscándome en vano
entre tus cortinajes de ensueño,
he terminado por llamarte
“Maestro, maestro”,
donde tu música suntuosa
es la armonía de tu silencio…
(¿Por qué has huido, maestro?)
(Hay unas gotas de sangre
en tus tapices).

Comprendo.
Perdón. Nada ha sido.
Vuelvo a la cuerda de mi contento.
¿Rubén? Sí. Rubén fue un mármol
griego. (¿No es esto?)

“All’s right with the world”, nos dijo
con su prosaísmo soberbio
nuestro querido sir Roberto
Browning. Y es cierto.

 

FINAL

(Con pito)

En fin, Rubén,
paisano inevitable, te saludo
con mi bombín,
que se comieron los ratones en
mil novecientos veinte i cin-
co. Amén.

 

 

 

PÉSAME A LUIS ROSALES POR LA MUERTE DE LEOPOLDO PANERO

A Leopoldo Panero, tu gran amigo, le conocí por medio tuyo, allá en tu piso de Madrid, Altamirano, 34

En tu Casa Encendida

Donde solemos aparecernos todos los poetas, a través de los años, desde los más lejanos países del idioma

Seguros de encontrarnos con tu amistad inalterable y tu palabra viva y tu jarra de vino

Querido Luis

Hemos sabido en Nicaragua la muerte de tu amigo

Me llegan de Managua recortes de periódico a la frontera de Costa Rica, hasta el remoto sitio donde estoy retirado, en la margen de un río y una selva sin nombre, que ni figuran en el mapa.

MUERE EN ESPAÑA EL POETA LEOPOLDO PANERO

ERA BIEN CONOCIDO EN NICARAGUA

DONDE TENÍA MUCHOS AMIGOS

CASI TODOS LOS POETAS NICARAGÜENSES FUERON AMIGOS SUYOS

EN 1949 VISITÓ ESTE PAÍS CON LUIS ROSALES, ANTONIO DE ZUBIAURRE Y AGUSTÍN DE FOXÁ.

EL GRAN POETA LEYÓ SUS MEJORES POEMAS EN LAS CIUDADES PRINCIPALES

SIENDO APLAUDIDO CALUROSAMENTE

HA DEJADO UN RECUERDO IMBORRABLE

EN LEÓN FUE DECLARADO HIJO HONORARIO DE LA CIUDAD COMO ROSALES DE GRANADA

LOS POETAS ESPAÑOLES COLOCARON UNA OFRENDA BIBLIOTECA AYACUCHO FLORAL SOBRE LA TUMBA DE RUBÉN DARÍO

LA INESPERADA MUERTE DEL GRAN POETA LEOPOLDO PANERO ES MOTIVO DE DUELO PARA LA MAYORÍA DE LOS POETAS DE NICARAGUA

EL SUPLEMENTO LITERARIO DE LA PRENSA HA PUBLICADO UN NÚMERO-HOMENAJE A LA MEMORIA DE LEOPOLDO PANERO

Así recibo la noticia escueta —un golpe seco en la mitad del pecho, un repentino sobresalto, como si el corazón dejara de palpitar por dos o tres segundos— entre conmovedoras nimiedades

El gesto con que solía ver su reloj

El año en que nació: 1909

El diseño habitual de sus corbatas

La marca de su coche

La forma en que portaba su corazón sin que nadie lo viera

Aquel hombre tan fiel, sin disimulo

A la medida exacta de su estatura

Desde la vez que lo encontró en tu casa recién llegado de Inglaterra

A juzgar por sus sobrias maneras de gentleman que no intentaba minimizar su radical españolía

Lo que era en él hechura de la tierra de Astorga

Su sitio en una mesa del bar del Instituto, donde generalmente se sentaba contigo y Souvirón a tomar el café de la tarde

Las veces que lo encontraba conversando contigo en la oficina de Cuadernos Hispanoamericanos

Su indisoluble vinculación contigo

Desde que tú con él y con Vivanco eran el grupo de los tres jóvenes —trium puerorum— que repatriaron el corazón a España

Con el amor a Hispanoamérica

Y su poesía

La entrañable amistad de Leopoldo Panero para César Vallejo

Su gozosa amistad con Eduardo Carranza, que le comunicaba su alegría

Su gentileza para conmigo

Ningún recuerdo basta para tapar el hueco de su ausencia

Pero la muerte no interrumpe nada

Como tú dices

El hombre era tan hondo, que daba miedo

Estaba como ocultando su ternura

Lo recuerdo en mi apartamento de Donoso Cortés, en el momento de despedirse

En compañía de su esposa

Lo recuerdo de pie junto a la puerta de un ascensor

Lo recuerdo otra vez que me llevó en su coche a un colegio de niños a buscar a los suyos, y me dejó en la Castellana

Me daba la impresión de que estaba tranquilo, esperando la muerte como un centinela

Era, como tú sabes, un hombre que esperaba

Yo estoy seguro de volver a verlo, como de verte a ti cuando menos lo esperes

Cualquier tarde te llamo por teléfono -o simplemente como otras veces te me aparezco

Nuestro amigo el poeta Leopoldo Panero, uno de los mayores de nuestro tiempo, ya está tal vez en el lugar que exactamente le corresponde aunque parezca lejos de nosotros

Como cuando él estaba —menos lejos tal vez— en Londres o Caracas Como nosotros estamos lejos ahora sólo por circunstancias temporales

Como tú, allá en Madrid, entre tus libros y tus Palencias y Zabaletas, en tu salita roja de Altamirano, 34

Y como yo, en mi casa de madera, en la finca Las Brisas, entre llanos y selvas y ríos, en un lugar perdido, adonde sólo llega dos o tres veces por semana, el avión que te lleva esta carta.

 

 

EL TIGRE ESTÁ EN LA NIÑA

Tiger! Tiger! burning bright
In the forest of the night
William Blake

El tigre está en los ojos
Preso entre curvas mansas, perezosas
Despertando del lodo como vegetaciones
Entre panales y gorjeos al borde de la cama

El grifo abierto, el rumor, el vapor de la bañera
El zumo de naranja, las tostadas
Todo lo que se apunta con la lengua del lápiz
El gesto de la mano que suelta una paloma
Los pechos como nidos ocultos en las ramas
Y una serpiente dulce como un canto
Entre viejas consolas y entre jaulas de flores

Buenos días, muchacha hace tiempo olvidada
No despiertes del todo en la visita
Sigue tus infalibles líneas ecuatoriales
Siempre dormida, virginal, obscena

Conoces tú a la dama de la mano en el pecho?

El tigre está en la niña del ojo de la mujer.

 

 

PEQUEÑA ODA A TÍO COYOTE

¡Salud a tío Coyote,
el animal Quijote!

Porque era inofensivo, lejos de la manada,
perro de soledad, fiel al secreto
inquieto
de su vida engañada
sufrió el palo, la burla y la patada.

Fue el más humilde peregrino
en los caminos de los cuentos de camino.

Como amaba las frutas sazonas,
las sandías, los melones, las anonas,
no conoció huerta con puerta,
infranqueable alacena,
ni propiedad ajena,
y husmeando el buen olor de las cocinas
cayó en la trampa que le tendieron las vecinas
de todas las aldeas mezquinas
y se quedó enredado en las consejas
urdidas por las viejas
campesinas.

Y así lo engendró la leyenda
como el Quijote de la Merienda.

Pero su historia es dulce y meritoria.

Y el animal diente-quebrado,
culo-quemado,
se ahogó en la laguna
buceando el queso de la luna.
Y allí comienza su gloria
donde su pena termina!

También así murió
Li-Tai-Po,
poeta de la China.

 

 

HIPÓTESIS DE TU CUERPO

Sé que no me creerán como a espejo sin fondo
que el movimiento clava tu vórtice de armadas
donde momentos miles primeros segundos en roca a pique
ya me esperaban en ti girando.

Aunque dijera que no tenías mar
ni que toda tu espuma en tu interior de piedra habita
ni por sangre espumosa esculpida menos viva
ni carcomida,
sino por la frecuencia de tus pecas algo se congregaba.

Porque esperaban la que eras visible
si es que alzabas las manos de concreto
puesto vestido de labrador ya no tarjeta de visita
mientras hay llamamiento de flores a piano
y con tu duelo gigantesco gastas otra violeta
si solitaria,
lo cual no puede aunque posible.

Todo ello en brisa regular compuesta a sentimiento…

Porque esperaban miedo que te clamara a muerte:
«Yo te comparo a un faro»
explicando tu pelo despacio de noche.

No es comparando.

 

 

NIHIL NOVUM

No busques nada nuevo, ¡oh mi canción!;
nada hay oculto bajo el rascacielo,
nada en la máquina que sube al cielo,
nada ha cambiado desde Salomón.

Es muy antiguo el hombre y su pasión,
guarda en el nuevo día el viejo anhelo,
bajo la nueva noche igual desvelo
y el mismo palpitar del corazón.

No te engañen los nuevos continentes,
con sus plantas, sus bestias y sus gentes,
ni sus canciones con su nuevo acento.

Todo lo que dice algo ya está dicho:
sólo nos queda el aire y su capricho
de vagos sones que se lleva el viento.

 

 

SONETO PARA INVITAR A MARÍA
A VOLVER DE SAN FRANCISCO DEL RÍO

Si mi vida no es mía, sino tuya,
y tu vida no es tuya, sino mía,
separados morimos cada día
sin que esta larga muerte se concluya.

Hora es que el uno al otro restituya
esa vida del otro que vivía,
y tenga cada cual la que tenía
otra vez en el otro como suya.

Mira pues, vida mía, que te espero
y de esa espera vivo mientras muera
la muerte que, sin ti, contigo muero.

Ven, mi vida, a juntar vida con vida
para que vuelva a ser la vida que era
que la vida a la vida a la vida convida.

 

  

FEBRERO EN LA AZUCENA

Ya está seco el camino del río al valle y secos los senderos.
Ya el río enseña el espinazo de piedra de su raudal como
un potrillo flaco la fila de sus vértebras
Ya un friso oscuro marca en los paredones de la orilla
El nivel que alcanzó la crecida en el invierno
Ya brilla el sol en los bancos de arena
Verano

Ahora es cuando salen a calentarse en los bancos
de arena los lagartos. Donde sale una
hembra salen pequeños machos. Sale uno
grande que los ahuyenta con ruidosos
colazos. Como un hombre pesado que intenta hacer la palanca, torpemente se
levanta sobre sus cortas patas y avanza
hacia la hembra inconmovible, oscilando
el extremo de la cola. Con la palanca
de su larga trompa quiere volcarla. Varias veces la empuja bajo el codillo.
Por fin la vuelca y la tiene indefensa.
Ahora es cuando bajan las manadas de chanchos de
monte de las montañas a los llanos para
comer coquitos. Se oyen de lejos los
chasquidos de sus dientes. Las crías van
aparejadas a las madres rozándoles las
costillas. Los machos buscan las hembras
cuando sombrean y se bañan en los charcos.
Ahora es cuando los tigres siguiendo a las manadas
de los chanchos amenazan a los ganados
que también han bajado a los llanos. Los
leones pumas cazan terneros. El tigre
osado y el león ya cebado de la carne del
cerdo, roban chanchos caseros junto a los
mismos ranchos del caserío. Se oyen
las hembras bramar de noche y el ronco bramido
bajo los machos. Y el grito, el grito,
el grito insondable del oso caballo.
Ahora es cuando aparece una pareja solitaria
de pelícanos que llegan todos los años
desde el mar. Y las parejas de martimpeñas
bailan con lento paso militar durante días.
Ahora es cuando suben al río los róbalos de
mar para el deshove.
Ahora es cuando encuentran viscosos nudos de
víboras.

Celo
Es el tiempo en que abunda la caza en donde quiera.
Cususcos o armadillos cruzan por los senderos
meterse en sus hoyos. Los perros se fastidian de perseguir guatusas.
En criques y quebradas se ven guardatinajas o tepescuintes.
Se hallan venados en los tacotales. Venados
de ramazón. Venados cabros. Es posible agarrar cachorrillos de tigre y manigordas
o tigrillos de piel de terciopelo. Dantitos pintos y
venaditas temblorosas. Y también nutrias o perros de agua de piel más suave que la gamuza.

Es el tiempo de las pavas, las perdices, las gongolonas, las
becadas o chochas que llaman chúes los niños y
sobre todo de las palomas. Paloma tora. Paloma
posolera. Paloma azul. Paloma patacona. Y la paloma
penadora que da un quejido breve, profundo y espaciado que no se sabe de dónde viene cambia de sitio y causa angustia.

Es el tiempo que dan los marañones en el marañonal de Larios
Es el tiempo de los nidos y de los huevos de colores.
Fecundidad
Han florecido todos los árboles. Los corteses
están tupidos de flores amarillas y alzan sus copas en
el sol haciendo alarde de su amarillo apasionado.
Brillan, refulgen a lo lejos como las legendarias cúpulas de oro de las siete ciudades.
Los robles están
cuajados de crespas flores nacaradas. Laurel y sota caballo perfuman todo el aire con la fragancia de sus
blancos ramilletes. El capirote de flores de un blanco
de espuma. El almendro de monte, moradas,
el hombre grande, rojas. Y la coaba, lilas.
Han florecido los matorrales, las orillas de los caminos, las
cercas, la humilde escoba de sus florecitas amarillentas.
Cuando ha soplado el viento el río se cubre de
flores y hasta las criques arrastran pétalos.
Vuelan abejas y mariposas.
Han florecido las yedras y las enredaderas de la montaña.
Amapolas. Veraneras.
Han florecido las orquídeas.
Polen
Ya desde ahora anuncia el tiempo de Semana Santa, con
un silbido de penitencia, un pajarito pardo casi invisible.
El pajarito del Espíritu Santo
Misterio.

Verano en La Azucena.

 

 

NOTA EN UN LIBRO DE HISTORIA

Mientras hojeo historiadores y tomo notas
un pajarito canta entre las hojas de una rama
y su canto
un silbido, tal vez una llamada
me saca de la Historia.

 

 

AUSENCIA DE LA ESPOSA

Todo es tranquilidad en tu presencia.
Contiguo el mundo entero es nuestra casa
a cuya vera el tiempo lento pasa
dándole eternidad a la experiencia.

Más qué desolación y qué inclemencia,
qué cruel angustia la que me traspasa,
qué ardiente sed de ti la que me abrasa
en el desierto de tu larga ausencia.

Vuelve a llenar de sol, calor y vida
mi cuerpo que se ajusta a tu medida
y mi alma que hace veces de la tuya.

Ven a calmar las ansias de mi pecho,
y a llenar el vacío de tu lecho
para que mane miel y leche fluya.

 

José Coronel Urtecho (Granada, Nicaragua, 1906 - Los Chiles, Costa Rica, 1994). Poeta, narrador y ensayista nicaragüense que, junto con Ernesto Cardenal, fue el ... LEER MÁS DEL AUTOR