Hugo Mujica

Hace apenas días

 

 

 

 

ALBA

 

Quieto,

 

como no moviéndose

para que la sangre no rebase

la boca

 

Quieto,

 

como sintiendo un pájaro

herido

en la palma de la mano

 

sin cerrar la mano

sin abrir los ojos.

 

hay una fe que es absoluta:

una fe sin esperanza.

 

 

 

 

HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO

 

Hay perros

que mueren de la muerte de su amo

 

cuerpos que no hacen el amor,

hacen el miedo

 

que no se agitan,

tiemblan.

 

Y hay hombres

en los que muere dios

como una gota de lacre

sobre el pecho

de un torso de mármol,

 

son los que lloran cuando creen

estar hablando,

o gritan soñando, pero al alba

olvidan el grito

con que encendieron la noche.

 

Hay hombres en los que gime dios

por no encontrar un hombre

donde morir de carne,

 

pero no llora como quien lo hace

solo,

llora como quien llora abrazado a un niño.

 

 

 

 

HACE APENAS DÍAS

 

Hace apenas días murió mi padre,

hace apenas tanto.

 

Cayó sin peso,

como los párpados al llegar

la noche o una hoja

cuando el viento no arranca, acuna.

 

Hoy no es como otras lluvias

hoy llueve por vez primera

sobre el mármol de su tumba.

 

Bajo cada lluvia

podría ser yo quien yace, ahora lo sé,

ahora que he muerto en otro.

 

 

 

 

ORILLAS

 

Afuera ladra un perro

 

a una sombra, a su eco

o a la luna

para hacer menos cruel la distancia.

 

Siempre es para huir que cerramos

una puerta,

es desierto la desnudez que no es promesa

 

la lejanía

de estar cerca sin tocarse

como bordes de la misma herida.

 

Adentro no cabe adentro,

 

no son mis ojos

los que pueden mirarme a los ojos,

son siempre los labios de otro

los que me anuncian mi nombre.

 

 

 

 

NOCHE ADENTRO Y NO DUERMO

 

A lo lejos, en un atardecer

en que el otoño

es un lugar en mi pecho,

comienzan a encenderse las ventanas,

 

mi nostalgia

por estar donde bien sé que al llegar

volvería a estar afuera.

 

Duelen los ojos de soñar tan a lo lejos

 

la frente de pensar

lo impensable de tanta vida

que no he abrazado,

tanta deuda de lo que no he nacido.

 

Poco a poco se apagan las luces,

 

es el lindero de una noche y otra noche,

la frágil vecindad

del miedo y la esperanza.

 

El último día podría ser éste que termina,

esta noche

en la que aún escribo

 

igual, pero sin una ausencia nueva

para seguir esperando.

 

 

 

 

HASTA EL FINAL

 

Vi un perro negro muerto

en la calle,

aplastado en medio de la acera, manchado,

porque nevaba.

 

Vi la vida, allí mismo,

y no había más que eso: la coartada

del inocente: pagarlo todo.

 

Sentí en la nieve la vida y me vi morir

como un animal que se resiste

hasta lo último

 

hasta el deseo de ser rematado,

 

hasta el gemido final,

el que pide perdón por todo crimen ajeno:

el que perdona a dios.

 

 

 

 

UN PEDAZO DE HAMBRE, UN VASO DE AGUA

 

Fiel a lo humano,

 

al tamaño de lo que los brazos

mecen,

a la fiesta

de lo que en las manos cabe,

 

a la callada esperanza

que es no apretar los labios.

 

Fiel a un vaso de agua

y al pedazo de hambre

que otro cuerpo nos trae,

 

fiel sorbo a sorbo, hambre a hambre.

 

Fiel al pudor de apenas una seña,

apenas el abismo

del otro

cuando el silencio

calla la piel que nos separa.

 

Fiel al límite de morir hombre,

de haber abrazado el vacío

que ese mismo abrazo llenaba.

Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942). Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Esta gama de estudios se refleja en la varia ... LEER MÁS DEL AUTOR