Clive James

La sombra lo sabe

 

 

(Traducción al español de Luis Castellví Laukamp)

 

 

 

DEMASIADOS POETAS

 

Demasiados poetas recargan sus estrofas,

pero la melodía no resulta.

Puesto con calzador, el contenido

queda asfixiado por un gran afán:

decir algo importante (a costa de la música).

Según Sir Philip Sidney, carecen de voz propia.

 

Los poetas auténticos deben andar cantando

mientras sollozan como Arnaut Daniel.

Ningún texto merece conservarse

si el autor no comprende esta evidencia.

También deben leerse los poemas

en voz alta a los otros, ver si prestan oídos

 

o marchan desdeñosos.  La poesía es pública

en un cierto sentido.  Tan cruel como el amor,

el genio deseado no alcanza a todo el mundo,

solo a los elegidos.  Los dioses en lo alto

tumbados en sus nubes nos miran con pereza.

Otorgan arbitrarios laureles de la gloria

 

a un literato sordo.  Para ellos solo un juego,

mas no para nosotros, pues aunque tal vez haya

demasiados poetas, todos alimentamos

la fe en el gran misterio: el arte fluye.

Ánimo, amigo, todo lo que escribes

Persistirá por siempre, o al menos por un tiempo.

 

 

 

 

RETRATO DE UN ESCRITOR

 

Me deslumbra tu piel mientras me pintas.

Tus veinticuatro años: un milagro

de juventud turgente cuando esbozas

las manchas que hacen de mi cara guerra

perdida contra el tiempo.  Así comienzas

-dando profundidad a los contornos-

tu vida como artista.  Yo la acabo.

 

No omitas el relato que mi boca

posando inmóvil cuenta: cómo tuve

el don de entretener.  Fui un juglar;

solía fingir penas con esfuerzo.

Mis ojos legañosos, pozos secos,

antes brillaban, hoy segregan líquido.

Dales vislumbres del fulgor perdido.

 

Fiel a tu integridad, intransigente,

ignoras mis plegarias silenciosas

representando el daño de los años.

Procuras ser veraz aunque no guste.

Y lentamente surge este otro hombre,

que no es el yo que yo quisiera ser,

sino más bien el yo que tanto evito.

 

Imagina que escribo mientras pintas

tu descripción cabal.  Todos dirían

que el texto es irreal, inverosímil.

No hay nadie cuyos labios brillen tanto.

“¿A eso ha llegado?  ¡Seda por pestañas!”

Tu retrato en palabras suena incierto,

pero la vista atesta su verdad.

 

¿Creemos en lo bello si se muestra

ante nosotros?  Deja sin aliento.

La cuenta atrás mortal se reinicia,

hasta el último día tictaquea:

gocemos esta luz mientras podamos.

La pausa del almuerzo.  ¿Algún progreso?

Ah sí, soy yo –me temo-enteramente.

 

 

 

 

WHITMAN Y LA POLILLA

 

En su vejez, Walt Whitman-cuenta Brooks-,

desnudo y con sombrero, sentado en un estanque,

atestaba de apuntes sus últimas libretas

nombrando los arbustos, las aves, los insectos…

 

No lo abatió la guerra, pero vio

horrores de hospital que hielan almas.

Al fin asegurada, la Unión se volvió ruin:

proselitista, al mando, reinaba la codicia.

 

Tiempos de desconsuelo.  Solo fueron paliados

viendo a la creación reinar suprema.

Se quebró una crisálida, surgió una mariposa:

América emergente despertó de su sueño.

 

A orillas del estanque, caminaba

y en barro dulce untaba pies dolientes.

Conoció a una polilla: trabaron amistad:

se posaba en su mano como en busca de sangre.

 

Pero algo los unía, sus respectivos límites,

el espacio de encuentro del Arte con mayúsculas:

Whitman bailó y cantó, volar le fue imposible;

la polilla no pudo crear Hojas de hierba.

 

Formaban una imagen de intercambio

entre la mente y todo lo que excede,

sin deber alejarse.  Nada raro

había en extender la mano amiga

 

a un ser tan frágil, suave como el polvo.

Sintiendo el frío estanque con luz de atardecer,

bendijo a la polilla, nueva vida

llegada a tiempo para ver su muerte.

 

 

 

 

LA SOMBRA LO SABE

 

Mira cómo la sombra del yo que fui en vida

recorre la cocina recogiendo los platos.

El lavaplatos rinde su tesoro escondido

de futuros fragmentos de un presente remoto.

Los tazones azules vuelven a la alacena.

 

Voy con frecuencia a casa, pues las sombras

son débiles y tienden al retorno.

Ahora que he acabado mi trabajo,

la paz que amo está aquí.  Y puedes escucharme

más claramente ahora que cuando hablaba ausente.

 

Soy la sombra y el viudo, pues corté

el hilo de la vida: tu inocencia.

Pero aquí estás, real, muy por encima

de todos mis triunfos.  Por ti pienso

en el amor que en otro tiempo fuimos.

 

 

 

 

PRIMAVERA NIEVE BAILARINA

 

Nieve y hielo hasta abril. En las grajas de Gales,

corderos no nacidos fallecen congelados.

Si bien el aire hiere mis pulmones,

hay luz primaveral.  Brillante y gélida,

el alba falsa es nuevo ardid del frío.

 

Nací, viví, y aprendo a dar las gracias

por mi larga existencia, que se escurre,

no sin antes brindarme el espectáculo

de la contigüidad de vida y muerte.

Sirva de ejemplo el cuadro de esta tarde:

 

mi nieta, tan veloz como mis ojos,

dio pasos de ballet en la cocina.

Me quedé sin aliento por la suerte

de haber visto bailar a mi cordero.

Más pronto no podré volver a verla.

 

 

 

Clive James
Fin de fiesta
Traducción al español de Luis Castellví Laukamp
Pre-textos, 2021

 

ub. la cruz del sur

 

 

 

Clive James (1939-2019). En su larga trayectoria, el escritor australiano publicó más de cuarenta libros. Tras mudarse a Inglaterra (1962), se dio a c ... LEER MÁS DEL AUTOR