

Presentamos algunos textos de la reconocida poeta española.
Clara Janés
FUGACIDAD DE LO TERRENO
Todo es de polvo, soledad y ausencia.
Todo es de niebla, oscuridad y miedo.
Todo es de aire, balanceo inútil,
sobre la tierra.
Manos vacías que acarician viento,
ojos que miran sin saberse ciegos,
pies que caminan sobre el mismo trecho
siempre de nuevo.
Vemos sin ver y en la tiniebla estamos.
Somos y somos lo que no sabemos.
Hay en nosotros de la llama viva
sólo un reflejo.
Caen los días en otoño eterno.
Pasan las cosas entre sueño y sueño.
Llega la noche de la muerte. Y calla
nuestro silencio.
SURCA
Desvelada por el eco resonante del pozo de la noche,
en mi tierra fustigada por la lluvia,
rompe nudos la memoria del rayo.
Ahuyentados los mantos del olvido
se oculta el alarido en las voces del búho
y, pulso en llamas,
los cuatro vientos surca en pos de tu ventana.
Allí, desde lo verde,
palma con palma, en cruz,
su sangre te murmura
y el vértigo trasiega del ansia que le abrasa.
Anhelo delirante que rebasa los párpados cerrados
por el sedoso pétalo ferviente
del incendio del cuerpo enamorado.
ESTRELLA DEL OCASO ENTRE LOS ÁRBOLES
Estrella del ocaso entre los árboles,
viaje a los lejanos días de la infancia:
el lomo de los montes
era manto de sueños.
Cada tronco el cuerpo del amado,
las aguas inmutables
dibujaban el éxtasis
y en la línea rojiza del crepúsculo
se cruzaban las ramas
prendiendo fuego al corazón.
Estrella del ocaso,
hacia paisajes más remotos, senda,
con los ojos te alcanzo
y antes de que la sombra me someta
me remonto en el ser
y llego hasta los días de Utnapistim
y contemplo las tierras
bañadas por el Éufrates.
ARCÁNGEL DEL SILENCIO
También bajo la tierra brota amor,
la verme blanca y la mosca azul
que a los huesos cortejan,
dando paso a un gemido
que acuna las raíces.
Y en la sumisa mansedumbre
del despojo la mutación se inicia.
Vosotros, los que mi voz
ajena a vuestra voz considerasteis,
vedla emerger ahora vegetal,
como yo veo la leve niebla
debajo de los párpados cerrados;
ved cómo nace en las madreselvas
el néctar que un día
entregó mi boca al poema
y me torno amoroso silencio
en su perfume.