Alejandro Schmidt

Un poema debe asumir el riesgo, la desprolijidad, el exceso

 

 

GRANDES VOCES DE LA ARGENTINA

Por Luis Benítez

 

Un poema debe asumir el riesgo, la desprolijidad, el exceso. Prefiero los recortes, lo que se deshecha, borrones, tachaduras… no el objeto acabado, la conclusión, el punto final, sino los pedazos vivientes, los sueños, los tumultos de la sangre… Amo los balbuceos, el desorden, las dudas, los espacios en blanco, las reiteraciones… ¿no opera acaso así nuestro corazón, nuestra cabeza? No el artificio, la artesanía, por sublime que sea, y sí esa pulsión de tinieblas y sangre y toda nuestra vida deshecha allí aconteciendo, acompañándonos. Muy pocos llegan hasta el final y hasta el final no se llega con prudencia, astucias, disciplina, se llega con otra cosa que está contra la mano propia, contra los principios, las ideologías y sobre todo contra el temor. Corrijo un poema con otro y con otro… desde los 13 años estoy buscando el poema verdadero, ¿por qué no habría de divertirme mientras tanto? Escribo casi todos los días, ceniza, perlas, florcitas de plástico y también mi lírica de dolor y de veneno….va saliendo la poesía, va saliendo de esa tripa y uno no sabe qué es, ni maneja ni controla nada, salvo alguna corrección inevitable, alguna prudencia en publicar, alguna música”. Así resume Alejandro Schmidt, en su texto titulado “Poética” (1), los ejes conceptuales que ha transitado para escribir una de las obras más vastas –y reconocidas- del género local, a partir de su poemario inicial, Tajo en la piedra (1984), y que acredita ya una cincuentena de títulos y varias reediciones.

Intensa y multiforme, omniabarcadora y muy capaz de ir del símbolo personalísimo al icono cultural impregnante con la velocidad de un rayo, la torrencial poética del gran autor cordobés se destaca asimismo por su urgente ingreso en la sensibilidad del lector, operación que se produce sin medias tintas, a poco que este se acostumbra a uno de los fraseos más distintivos y originales de las últimas décadas.

Es que a lo largo de ese medio centenar de obras (en formato libro, plaquetas, folletos, fascículos, etc), Alejandro Schmidt es uno de los pocos poetas argentinos contemporáneos que ha sabido construir un universo propio y lo ha dotado de todos los rincones posibles –la introspección, la proyección hacia lo universal, el toque regional, lo tradicional y lo rupturista, la apelación social, el sesgo metafísico, etc.- aunque bien iluminados todos ellos por la luz implacable de la inteligencia poética.

A esta prodigiosa capacidad referencial, el autor suma una destreza discursiva no menos impresionante, capaz de sintetizar en una voz personalísima las diferentes sintonías posibles. Prácticamente nadie de su generación, la del ’80, ha hecho una síntesis tan pareja como Schmidt de las variadas posibilidades que ofrece el minimalismo, lo coloquial, la referencia culta, los estilos correspondientes a las distintas etapas de la historia de la poesía argentina, fundidos y vueltos a fundir por el poeta de Villa María para darle expresión escrita a su visión singular de la materia poética.

Un poeta bajo la dictadura… o por encima de ella

Otro de los tantos matices que ofrece la obra poética de Schmidt es el referido a su particular tratamiento de una tópica muchas veces abordada por la poesía argentina con posterioridad al negro período de la dictadura militar que asoló al país entre 1976 y 1983. Con mayor o menor felicidad o facilidad, un crecido número de autores locales intentó dar cuenta del horripilante fenómeno epocal, signado por la interrupción de la vida democrática, la violencia, el terrorismo estatal, las torturas y los asesinatos de disidentes, el doble discurso, la corrupción y la tergiversación de los valores propios de la república. En tal sentido, aunque presente en toda una etapa de su producción poética, se destaca en los trabajos de Schmidt uno de sus poemarios más polémicos, admirados y discutidos. Nos referimos a Videla (2), título que encendió más de una discusión por el original abordaje que hace el poeta de una tópica tan compleja y cuyos detalles él mismo señala como sigue (3): “En el poema ‘Videla’, que titula el libro, lo elijo porque es un nombre paradigmático de toda la dictadura, que asoló el país, yo digo ‘Videla es la patria’ porque nosotros no podemos negar que tuvo consenso y que tuvo el apoyo de un amplio sector de la población al golpe de estado, de los sectores medios, de los sectores altos, entonces, de eso hay que hacerse cargo, pero hacerse cargo de que una buena parte de la población aprobó el golpe de Estado, que fue de una crueldad insólita en nuestra historia y, en ese libro, lo que hago es una mirada de costado, no solo la mirada de reclamo típica de los derechos humanos, sino intentar ver los matices, un poquito del disenso, de ver lo que fue el espíritu de la resistencia, de lo que fue el espíritu de la memoria, de preguntarme, como lo hago en un poema, si los desaparecidos querrían aparecer en este mundo, si ellos estarían de acuerdo con esa especie de utilización de su memoria que se hizo por la mejor de las razones, quién lo puede negar… ha sido ejemplar el trabajo de Argentina en la recuperación de todos esos espacios… pero quedan matices y para mí, que lo escribí, Videla es también un poema de amor a la patria, de amor a esa herida de la patria, ¿no? Cuando se presentó se armó un gran escándalo y, por suerte, porque se vendieron muchos libros, porque la gente esperaba declaraciones más del tipo panfletarias, declaraciones típicas contra la dictadura y yo no lo trabajé así porque me parece que ya se ha hecho bastante buena poesía, negando, criticando y advirtiendo todo lo que la dictadura fue… una de las heridas más grandes del país, es más en un costado lírico. Como argentino fue un canto de amor a lo mejor de la Argentina, la argentinidad, pasa, que bueno, hay que leerlo…y está hecho con muy pocas correcciones, los poemas están escritos de un tirón, porque son cosas sobre las que he pensado mucho, que me afectó personalmente, a nuestra generación la afectó, la muerte y exilio de amigos, el país se apagó culturalmente, bajó una sombra sobre la Argentina que duró siete años, en fin, una gran pérdida para Argentina”.

“Pretende en cada palabra romper el sentido del mundo”

Como siempre, acertadamente, señala el poeta, escritor, editor e investigador Alejandro Morandini (1964) en su comentario (4) a Romper la vida. Antología existencial, compilación de la obra poética de Schmidt publicada por Editorial Nudista (2013): “Su abrumadora disposición poética no da lugar a primaveras o inviernos en su obra; no necesita huir hacia la poesía, tampoco espera que acuda el estro: sencillamente, no tiene opciones o habiéndolas, ejecuta el acto de leer y escribir con absoluta calma, con profunda devoción. Leyéndolo, pareciera que la poesía lo aguarda desde siempre. Un símbolo privado se alza en cada poema suyo, aún así el poeta no es hermético. Adquiere mayor precisión y virtuosismo a medida que avanzan los libros. Sus certezas residen en el odio, en el mucho odio acumulado a pesar de si. A Schmidt, el odio le permite organizar el poema y darle una dirección; crece como un resentimiento entre el mundo que todo lo embarra y el poeta, (por momentos señala a la Patria como si se tratara de una enorme Fiesta Nacional; en otros es reminiscencia, del padre, de la madre, de él mismo en nítidas observaciones y situaciones que no le importa señalar con un buen o mal verso). Rompe la vida, porque pretende en cada palabra romper el sentido del mundo; porque quiere que la vida sea otra cosa, algo mucho más inestable de lo que ya es. Por eso el poema siempre es una regularidad rodeada de un encanto por descubrir u ocultar; sirve tanto para ir como para volver de la nostalgia, (a Schmidt, le espanta el aburrimiento de los otros, la serenidad y la convulsión en los otros; asume el duro oficio de interpelar la realidad a fuerza de dialéctica subjuntiva). Le opone al mundo, así a secas y amplio, una masa metafísica que reduce todo a escombros y trata al poema como si fuera un acto espiritual y último. La poesía es entonces un punto inmóvil sobre la precaria ambigüedad de las cosas, en la pavorosa decepción de lo que no prospera ni como pasatiempo. No se altera ante la fuga de las figuras en el espejo, no lo moviliza el vacío; puede creerse que adora el estrépito. No tiene palabras de desesperación ni de esperanza; su poesía sucede oscura y necesaria. La incertidumbre, que en estos casos siempre funciona como estrategia, no se ejerce si no como remate en algunos poemas. Curioso, porque es un poeta que no escapa a su generación pero así como no tiene juventud, su poesía no tendrá vejez ni acarreará otro inconveniente más que el de una catástrofe particular; en la intimidad tampoco traerá consuelo, sépanlo. Asoma la provincia en su escritura y es todo llanura el relato que guardan sus versos. No tiene bondad ni amor su poesía, sin embargo es generoso con todo lo que le rodea. Es probable que escriba algo más que 5000 poemas. Leyendo libro a libro de su antología, uno termina por sospechar que puede abundar en detalles, en perplejidades y equívocos y señalar pasajes perennes de esta vida y otros no tanto. De la abundancia del corazón, habla la boca, cita. No le perdona al hombre no conocerse a si mismo; no tiene misericordia con el que duerme. Sus versos cargan una ironía que si se manifestara con un poco más de volumen resultaría cruel y antipoética, (por eso el mundo se borra cuando escribe y pide silencio al fondo). Schmidt, va camino al mito lo saben sus lectores, sus editores, sus colegas y sobre todo lo sabe él mismo. Ha sido una construcción laboriosa, concentrada: leerlo así, condensado en un libro que resume la intención de una vida, inquieta. Cada verso va dirigido como un golpe a la nada; carecen de ingenuidad así como carecen de recursos lingüísticos y metafóricos; escarcea la lengua pero no fuerza nada, más bien deja que el idioma se exprese casi sin voluntad en el poema. Las correlaciones que establece no son semánticas, son ideales. Sus versos son escasos en música y ritmo, sin embargo la conciencia que los mueve es polifónica y heterogénea. No se ha trepado a las altas torres de sonido, se ha quedado aquí oyendo el corazón de las vacas. Encuentra matices, su paleta es amplia y siempre está en movimiento; no busca el himno en cada enunciado, por el contrario, exige el chasquido de la lengua, (porque lo que vale en Alejandro Schmidt, es la intención). Hay escritores que escriben, traducen, interpretan a otros escritores, vuelven a escribir, componen textos con fervor intelectual, gracia literaria y saben de qué trata la Belleza; estudian. Schmidt no, él es un poeta. Desde los 13 años de edad que habita el hueco del malentendido. Porque una cosa es el análisis y la crítica, la construcción deliberada y muy otra es la epifanía o la alucinación. Sin embargo es difícil mantener la unanimidad en el malón de la burguesía nacional de la palabra. Algunos arrean los animales, otros secuestran las armas y aquellos llevan enancadas las cautivas. Las cautivas, oh sí, las musas! (Schmidt, ha pactado con todas esas causas perdidas y ha salido victorioso de esos negocios como un toro en la lid). Schmidt, es un poeta que nada en las grandes aguas abiertas, da amplias brazadas para no quedar flotando en la precariedad del conocimiento. Basta con seguir su interés por algunos temas, (asegura que el tema no es algo que le concierna), para entender el propósito: la Biblia, Lucrecio, Séneca, Gurdieff, Nietszche, Goethe, Rimbaud, las religiones orientales y el inquietante romanticismo alemán. La ciencia y la religión le resultan lo suficientemente consistentes a la hora de explicar el misterio de la existencia humana. De esa percepción de la realidad sobrevive en su poesía la persuasión y la mística, esa es la gran diferencia con los poetas contemporáneos: no escucha la música, ve el espejismo. Espera que sus poemas como piedras astillen el presente perpetuo de algunos enunciados”.

 

 

 

Poemas de Alejandro Schmidt

 

 

Las hadas roban lo que traje

es mejor callarse
entonces lo apagado
escucha con nosotros

mejor no ceder nada
así
somos menos dueños de todo

no pidas más
porque hay
más

el profundo temor de reconocerme en otros
yo
piedra pisada por lo santo

con la edad se avergüenza uno
de vivir
haber vivido

si eludís la sombra
te acompaño

la señora del invierno trajo un don
estaba mal envuelto
y cayó tan alto
que nadie me cree

la gloria es un fenómeno óptico
la soledad también

lo único bueno de vivir en el infierno
es la sonrisa del fuego.

 

 

Lo que pude

Salvo por justificarme
escribí sin mayor preocupación
elegantes entradas en la oscuridad
parábolas del héroe caído

Abundó la sinceridad del error
su claro estanque

Quisiera
no tan fervientemente
ser mejor

En consecuencia
importaron pocas cosas

¿Cómo crecen las piedras
O habla el sol?

Demasiadas veces leíste este poema

Al espacio tiempo
se arrima la voz y nuestra estrella

Es todo lo que pude

No

Dejemos las obstinaciones del amor
el espionaje del odio

Puesto a verme
la cárcel era frágil
el prisionero fuerte

Sin importar
además
alguna memoria
la piel de un dios manchada
Confiar en lo inacabado

Imperio cosido por melancolías
es esta vida
que pasa

 

 

Qué será lo que se quema

las ideas de la filosofía
las ideas de la antropología estructural
no son funcionales para la poesía

qué será lo que  se quema

siento que desaparezco

¿puede la vida enseñarnos algo?
qué dice la pureza del corazón

qué dicen los viajes
las pasiones

te mojes o no
el museo nacional de la ausencia
la cooperación general de la soledad
llegan con la lluvia

los sentimientos familiares
las coartadas médicas
resultan

igual a
la tristeza…
igual al honor de una noche…

la muerte esconde
su animal desconocido

único rulo del espacio
la personería jurídica
del existir.

 

 

Ventarrón

Acá dejáme
en días parecidos
numeritos tomados de la mano

estas paredes
la ciudad
son inocentes de toda mi alma

lentos animales
donde ruges
acá

provincia

oscuro alambre de silencio.

Los días, el dolor

 

 

 

NOTAS

(1) http://laseleccionesafectivas.blogspot.com/2006/12/alejandro-schmidt.html

(2)Publicado por Ediciones Recovecos, Córdoba, 2009. El título hace alusión al apellido de quien presidió la primera junta militar, al inicio del gobierno de facto.

(3)En un reportaje realizado a Schmidt por Marcelo Fagiano, publicado en El Corredor Mediterráneo, Suplemento Cultural del Centro, el miércoles 10 de abril de 2019 –Año 19, Nº 850- y reproducido por la Web Page de Editorial Cartografías, de Río Cuarto, Córdoba: https://editorialcartografias.com/2019/04/10/alejandro-schmidt-hay-en-mi-poetica-un-tono-despojado-rotundo/

(4)Publicado el 26 de julio de 2014 en: http://alejandromorandini.blogspot.com/2014/07/romper-la-vida-poemas-reunidos-de.html

 

Alejandro Schmidt Nacido en Villa María, provincia argentina de Córdoba, el 3 de mayo de 1955,  es un reconocido poeta, autor de una vasta obra –se le at ... LEER MÁS DEL AUTOR