Los ojos del caballo
UNA VENTANA EN AGDAL
Miro la soledad desde mi cama.
La tenue claridad reinventa el muro
y hace volver en sí el resplandor
del granito y la hiedra. El mismo ciclo
se repite otra vez, lo vivo ahora.
Donde nace la luz, también la sombra.
CALIGRAFÍA ÁRABE
La distancia del árido contorno
desdibuja mi vida en el pasado,
la que ya no tendré, ese otro lado
del único sendero sin retorno
ni caminos alternos. El desierto
elige el resplandor de su belleza
y es un hondo latido en la grandeza
de quien vaya a cruzarlo. He descubierto
en su nombre un oasis y un abismo,
a los que han de morir y al que ahora existe
en el punto fugaz de su espejismo.
Es el vago rumor a donde fueron
las últimas estrellas que me vieron
ser el que aquí plantó la noche triste.
EXPRESO DE MEDIANOCHE
Dentro del sueño pasa un tren,
y en sus ventanas campos, ríos,
álamos, puentes y caballos
se alejan para siempre. Un niño
observa el viaje de las cosas
hacia el pasado en que se fugan
los colores. Mira también
sus ojos en el vidrio, el vaho
de su respiración. Vislumbra
sombras, reflejos de su padre
con un libro en las manos. Duerme,
y en el cristal también se borran
sus leves párpados cerrados.
Veo a mi hijo en ese niño
que me contempla desde el vidrio,
miro a mi padre al ras del sueño
contra el temblor de la ventana.
Él no me ve. No puede oírme.
He nacido una vez, y muchas
otras he muerto en ese tren
que se detiene solo al alba.
CANTO DEL ALBA
Un firmamento sin fracturas
izó un lucero sobre el monte.
Ondea en silencio, iluminando
el breve asombro de estar vivo,
no el cielo roto, sino el sueño,
no la palabra, sino el signo,
no la nostalgia, sino el verbo,
no la orfandad, sino su origen.
La noche acorta las distancias.
No el ruiseñor, sino el latido.
-Jorge Valdés Díaz-Vélez
Los ojos del caballo
Editorial Pre-Textos
Valencia, España, 2024