Todos los ciegos están sentados en el polo
Son de un blanco blanco

Respiran ramilletes de amargura benévola
Y comen un sueño inconsistente

Sobre la harina de los llanos una flor canta como un tambor
Tambor del horizonte al levantarse el día

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Todos los ciegos están sentados en el polo
Son de un blanco blanco

Respiran ramilletes de amargura benévola
Y comen un sueño inconsistente

Sobre la harina de los llanos una flor canta como un tambor
Tambor del horizonte al levantarse el día

El funicular del príncipe asciende mejor que el sol
Va más arriba que nuestros primeros pensamientos
Y lanza un huevo que se quiebra como un consejo

Canción de labrador
Para el ciego que trepa por el costado de la luna
Labra su imperio de aficionado
Nosotros los ciegos somos dunas
Donde se filtra la arena de las palabras

Al fondo de nuestra cabeza se engancha la escala de la canción
Nadie abre nuestras cortinas
Los dedos de ciegos son mariposas

 

Vicente Huidobro
(De Tout- à- coup, 1925)