Pablo Queralt

El azar es una arquitectura sin color

 

 

el azar es una arquitectura sin color
un knock a la quijada
que arroja su luna con sus casitas lúteas sus cuerpos
sus cielos escarbados oís hervir sus aguas
partir el pan
ahí quedaste colgado
atrapado en su crujido
en su luz pétrea en el arrullo
de los rayos de su mundo
que abren universos
o no llevan a ninguna parte
cierro los ojos leo su escritura
vamos arrimando el bochin
estoy acá en su huella pintado en su pared
colocando el agua para beber
el primer lenguaje del día.

 

*

 

En ese aire de ir hasta el puente para sentir pasar los autos
bajos los pies
su murmullo que golpea para que la muerte sea lejana como
un viento borrando el tiempo el amarillo que dibuja su retirada
y alza la alegría
de olvido solo para mirar lo que veo

 

*

 

Como la piedra que baja al fondo del río sigo desenrollando ese
susurro este tiempo que alguien me dio volviendo a la vida en
el borde trémulo
de la nube a estas puertas en su horizonte infinito con mis
ruinas vivas borrando huellas antes de pasar mi otra persona
su viejo reloj su cuerpo lleno de silencio y agua jugando con su
corazón sin pensamiento.

 

*

 

Juntamos moneditas para ir a ver a los artistas con sus cuerpos
que al terminar de usarse se dejan en su otra luz en otra
resurrección estoque
de donde todo surge y el cielo y el infierno desaparecen y es un
momento deslizándose en este planeta con sus viejas fotos que
adoramos en blanco y negro y las palabras que no se pueden
olvidar dejadas en los oídos como sueños abandonados en el
fondo del placard cambiando de ropas encontrando su lugar al
salir somos otros distintos
a los que éramos.

(De Ser y ser visto, 2015)

 

 

algo cobra vida
un campo en cualquier parte
esa ráfaga que es soledad entre las casuarinas
fabricando mi campo precioso en la mirada.
Una imagen se talla y queda para siempre.
Los actores que pasan como un viento la sala se llena
y se vacía esta es toda la vida
que crece cada vez que respiro
sigo este manual este caminito para poder amar
una parte mía que odiaba necesito coraje para seguir
y que la vida parezca ser
uno venía a cierta hora de la tardecita y se sentaba inquieto
a mirar el instante presente en que la luz nidificaba en el sueño
y su sordina un paso más allá su silencio
inquieta luz confío en esa luz.

 

*

 

Mi abuela murió en el cine
después de tomar su copa de anís 8 hermanos
viendo los paraguas de Cherburgo maldito funeral
todavía siento su respiración sus pisadas el arco de claridad
que recibía mientras se movía por el pasillo su silueta
proyectada en la pared antes había dejado limpia la cocina
todo lavado para el día siguiente pasando por esa sumisión
cartílago de pájaro de entregarlo todo sin el miedo a perder nada
con o sin su llovizna de puntos azules en el talón del otoño
nunca pude devolverle todo lo que me dio
el esqueleto encaminado los pantalones recosidos
pero el día señalado desandé cayendo sin creer que existía
toda la cinemateca de esta ciudad de vidrio aullando buscando
ese sánscrito que traduce la verdad
buscándote en cada curva
en un mundo que chilla y cruje en su réquiem.

 

*

 

nos lanzamos en esa tonalidad a un cielo de final
a esos ojos que me enseñaron cómo veía yo
a mis aquí ahora sus ventanas
más rápidas que el ojo que se abren
en ese casi nada de esa luz feliz
que deja percato el color
el buzón donde echar la carta
la necesidad de ese idioma esas palabras
yo estoy allí yo levanto la tapa de otro cielo
en el resplandor de esa pincelada
tan leve.

 

*

 

Y una vez y otra vez el momento de acercar la cara
que se abre a algo como esa sensación
de que el cuerpo flotará que nos hace libres
es una llave
si acercás tu cara a la pantalla ellos te traspasan
y es ese sol naciente que deja ese aire denso
esfumándose con su sueño dorado
que te tiene para ser volado.

(De Nací en el cine, 2018)

 

 

Ahora que la escena se retira
vas a ver por donde viene la marea
posiblemente escuchés otra historia
pero soy el que ama todo lo que no pudo amar fui criado
en esa tristeza retenida y mi alma decidió
en el momento equivocado con aquello que pasó y no fue
el timbre todavía sonaba
en el cerebro donde vivía
y donde terminamos queriendo estar.

 

*

 

Cuando el día se retira
cuando olvidamos nuestro nombre aquello que sigue siendo yo
aquello que ahora viene cuando todo se derrumba en mi hora verdadera
y que seguirá siendo lo mismo cuando haya pasado
espejea su instante dibuja la dimensión
de lo desconocido más allá de su cristal mental
nos mancha con su azul con su insensata coherencia
con su luz en que confío cada vez que despierto
sacude el sueño en que estamos acostumbrados a vivir
la caja cerrada donde esta la respuesta.

 

*

 

Ya viví una parte de mi vida como un funeral supe que para amar hay que estar maduro
sino es otra trompada más en el ángulo
ya sabes que todo es transitorio por eso no querés ser infeliz ahora se
que soy el que no tiene imagen ni finisterre el que sigue cuando
le entregan estas palabras en la mañana y todo se derrumba todo lo otro es lo mínimo de mí
el mitema el fabulema lo que no termine
de escribir y mi cuerpo pensó.

 

*

 

Pasar por el dolor sin saberlo
para que el paisaje sea tal como es hoy nuestro hogar
ese remanso despertándose y desperezándose entre esas nubes
y humo blanco una nueva conciencia lista para destruir la maya
para que mi vieja idea de felicidad no sea nada
con esta que tengo ahora.

 

*

 

Todavía sabíamos asfixiarnos en ese metro cuadrado
de la ignorancia
con su horror con su oxígeno mentiroso que se propaga nimio
y dócil en su línea de oscuridad con ese otro placer
que es otra tristeza más en las capas del día del antiguo calendario
donde otro día es el mismo día.

Ahí aprendí a manejar los sentidos cuando un sentido queda
traspasado transminado en su propio vacío se acostumbra
a vivir así su momento de silencio
como un temblor que se mezcla con otro
que calibra el impulso y hace clic
para que no nos quedemos más de lo debido
a probar cualquier cosa.

 

*

 

Todo dura poco pero siempre está creciendo algo.

Dejé la melancolía y floreció el espíritu que no me permite
escapar de mí mismo
nos miramos y vimos cómo podría ser el amor
para nosotros esta sed que desde ahora deja de ser ese plano
aparente para ser ese poco de vida que se estira en instantes
como éste donde empezamos a ver.

(De Raros sentidos, 2017)

 

 

Momento recién salido del agua
la dicha que fue y llega
en la llama de
otro movimiento

otro rumor del pulso

que se disuelve y salta libre
al vuelo
como una hoja de sombra.

La nave va sobre las olas
mitad de aire en su línea de tiza sobre el pizarrón
en ese oleaje en sus notas el movimiento que cambia el movimiento
tirando de las riendas por encima
de las cabezas los centauros en esa adecuación de la naturaleza
las nubes dejan la hoja en blanco
para escuchar el canto del barbero en su coloratura alparlatto
la espuma la luna rota en la noche
y a una museta de barrio en voz de mezzo
fingiendo la vida pintándola de sueños
en esa estela luminosa que cruzamos.

 

*

 

Partitura que se disipa allí
en la penumbra del sótano para ver
en el fondo del hueco  atravesar
la pared del cráneo misterioso el tabique del cartón
color tierra como cantan las sopranos

cuando temo, para no pensar
canto
y uno empieza a escuchar de verdad
la voz de los barítonos y los tenores
ahí bebo del filtro
que hace perder la conciencia de lo real.

 

*

 

Música del ensayo como partículas leves
en la mañana que se hundirá en el blanco
recuerdo casi niebla en la que llega
el poema a su materia
cuando todo alcanza ese imperio
voluntad en el minuto de goce
canto.

Levanto la cortina a otra escena
y en ese desparpajo de rostros, cantos busco el centro tonal
el color de cada voz,
aprendo.

 

*

 

hotelito en medio de las lomas silencio de campo
sus huéspedes entonan canciones
arias de óperas que recuerdan en el almuerzo
mesa de la izquierda repertorio Wagner,
derecha repertorio italiano,
volamos en el trovar (¿clus, leu?) en la misma nave
hasta perder el aliento.

 

*

 

sigo escuchando
lo acuoso que está antes y después, entre nosotros
lo que alimenta en
tonalidades y cromatismos el espiral
que nos derrota

andantes y scherzos de un mismo amor
grillos en el campo, ritmo del caos en la armonía
de la belleza
que agita los ojos
sigo en esta perpetua insistencia
contar lo que sucedió pero lo que uno cuenta no es
lo que sucedió
sino una sombra en un registro que sigo oyendo
en un aire que no es de hoy ni de ayer ni de mañana. Grabo
en su absurda abundancia historias que no viví
versiones que renuevan los ojos
trato de imaginarme a Sutherland en Lakmé cuando la ví en people &
arts
pero es inútil lo que vi no lo recuerdo

sólo las ramas verdes de los pinos en su moverse con el viento
sacudiendo la vena

pero Senda que está enamorada del holandés
no lo vio nunca
se interna en ese oscuro mar

manzana agria o dulce  muerde.

(De Ópera, 2019)

Pablo Queralt Es médico y poeta nacido en Buenos aires donde reside. Es curador de poesía y organizador del Ciclo de Poesía en la Biblioteca de San isi ... LEER MÁS DEL AUTOR