Alda Merini

Arrancad la poesía del canto

 

(Traducido al español por Emilio Coco)

 

Abro el cigarrillo
como si fuera una hoja de tabaco
y aspiro ávidamente
la ausencia de tu vida.
Es tan hermoso sentirse fuera,
deseoso de verme
y nunca escuchado.
Soy cruel, lo sé,
pero la jerga de los poetas es ésta:
un largo silencio encendido
después de un larguísimo beso.

 

*

 

Padre, si escribir es una culpa
¿por qué Dios me ha dado la palabra
para hablar con trémulos lenguajes
de amor a quien me escucha?

Ya vieja de años y senescente
¿dónde hallar una brizna de hierba buena?
¿Qué sabes de mis conventos, de la gracia
madura de las santas, de las grandes
almas locas? ¿Qué puedo yo encontrar
entre los vivas del hombre de cultura?
en otra parte está el canto, en otra parte la palabra
y Dios no la pronuncia.

 

*

 

He nacido el veintiuno en primavera
pero no sabía que nacer loca,
abrir los terrones
pudiera desencadenar una tormenta.
Así Proserpina leve
ve llover en las hierbas
en los gruesos trigos gentiles
y llora siempre cuando atardece.
Quizá sea su plegaria.

 

*

 

EL PÁJARO DE FUEGO

El pájaro de fuego
de mi mente enferma,
este gorrión gris
que vive en lo profundo
y me hace temblar
con su continuo pío
pues parece inerme,
necesitado de amor,
a veces tiene una voz
tan tierna y nueva
que bajo su triunfo
dicto el poema.

 

*

 

HOJAS BLANCAS

XVIII

Las hojas blancas son la desmesura del alma
y sobre este sabor agridulce
querré un día morir,
porque la hoja blanca es violenta.

Violenta como una bandera,
un abismo de fuego,
y así me compongo
letra a letra a lo infinito
para que alguien me lea
pero que nadie aprenda nada
porque la vida es un sorbo, y sorbo
de vida las hojas blancas
desmesura del alma.

 

*

 

Liberadme el corazón
de esta absurda estación de amor
llena de secretos recuerdos.
Su belleza como una sandalia de oro
me ha herido la frente
en lo más alto de mis pensamientos.
Su belleza, única en el mundo posible,
y su joven corazón
arrojado en los setos de mis pobres cosas
me han regalado la esperanza de la flor.
Él mismo es una flor, madre,
una flor de juventud,
la flor del gozo y del dominio,
la flor de mi lenta estación.
Él mismo es terrón, madre,
pero los terrones quieren ser fecundados
y yo no tengo semillas.

 

*

 

Si tú ves a mi hombre
acaricia dulcemente su frente
es allí donde vive su alto pensamiento.
Si tú ves a mi hombre
húndele el cuchillo en el corazón
y hazle salir el coágulo de sangre
de la mujer que lo ha engañado.
Si tú encuentras a mi hombre
mójale dulcemente los labios,
tiene sed desde hace mucho tiempo.
Pero si tú ves a mi hombre
tiéndete dulcemente a su lado
es un hombre que sabe amar.

 

*

 

A Emily

Flor de soledad y de canto
amalgama de sendas, crecimiento
loco de ceguera de versos.
Ahora que se mueve la metralla
de mi pobre corazón te salvas
de cualquier desbandada.

 

*

 

Arrancad la poesía del canto,
el árbol de las voces,
las quimeras del sueño,
arrancadme a mí de mí misma,
para que vea mi corazón, latido
sanguíneo y dulce,
bajar al valle.
Mis misterios fueron los de Orfeo
y de otros pitagóricos ascetas
con su mensaje de paz
por pantanos deshechos.

 

*

 

al viejo manicomio
te acercabas de niño
y me traías siempre
una glicina de laurel
jugabas con los locos
fingiéndolos ladrones
oh bien nacido hermano
que no distingues nunca
el pecado del ocio
entre amor y espada.

 

*

 

Vuelvo, hay una mesa abierta
hecha para ti solo
donde, cuando eras niño,
comías tu sopa
esparciendo líquido y risas
eras tan perfecto
un amor tan pequeño
un puño de chico.

Quién te devora ahora:
un tiempo no mejor
que nosotros viéndote esperar
quizás una respuesta de condena.

Alda Merini Nació en 1931 en Milán, donde residió hasta su muerte en 2009. Ha publicado numerosos libros de poesía, entre los cuales destacan: L ... LEER MÁS DEL AUTOR